Prof. Hugo Pariona Aliaga — Líder IBECh
11 de octubre de 2026
Juan 1:29-34 presenta uno de los testimonios más significativos acerca de la identidad y la misión de Jesucristo. Cuando Juan el Bautista vio acercarse a Jesús, declaró: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29, RVR1960). Con estas palabras, señaló al Salvador prometido y anunció el propósito redentor de su venida.
La expresión «Cordero de Dios» evoca los sacrificios del Antiguo Testamento y la necesidad de expiación por el pecado. Sin embargo, Jesucristo ocupa un lugar único: Él es el enviado de Dios cuya obra redentora responde al problema fundamental de la humanidad, la separación espiritual causada por el pecado.
El pasaje también destaca el testimonio de Juan acerca de la preexistencia de Cristo y la manifestación del Espíritu Santo, que descendió sobre Jesús. Estos acontecimientos confirman su identidad y respaldan la declaración del Bautista de que Jesús es el Hijo de Dios.
Este relato nos invita a contemplar a Cristo más allá de su ejemplo moral o sus enseñanzas. Él es el centro del plan de salvación y la esperanza de reconciliación con Dios. Reconocerlo como el Cordero de Dios implica comprender nuestra necesidad de salvación, confiar en su obra y anunciar el Evangelio con fidelidad.





Deja una respuesta