Prof. Hugo Pariona Aliaga

20 de septiembre de 2026.

Lucas 10:38–42 presenta una escena sencilla, pero profundamente significativa: Jesús entra en la casa de Marta y María, y cada una responde de manera diferente a su presencia. Marta se ocupa de los preparativos y del servicio, mientras María se sienta a los pies de Jesús para escuchar su palabra.

El problema no está en servir. El servicio es una expresión valiosa de amor y compromiso. Sin embargo, Jesús señala que Marta estaba preocupada y afanada por muchas cosas, mientras María había escogido la buena parte. La enseñanza apunta a una cuestión fundamental: nuestras actividades pueden ser importantes, pero ninguna debe desplazar nuestra comunión con Cristo.

En una sociedad marcada por la prisa, la productividad y las múltiples responsabilidades, este pasaje conserva una profunda actualidad. Podemos estar haciendo muchas cosas para Dios y, al mismo tiempo, descuidar nuestra relación con Él. La vida cristiana no se sostiene únicamente mediante actividad, sino mediante una relación constante con el Señor.

“Marta y María, prioridad y presencia” nos invita a examinar nuestras prioridades. Antes de hacer algo para Cristo, necesitamos aprender a estar con Cristo. El servicio adquiere su verdadero sentido cuando nace de una vida que escucha, permanece y encuentra en Jesús su mayor prioridad.

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