Prof. Hugo Pariona Aliaga – Líder IBECH
18 de enero de 2026
Desde que el ser humano existe, su corazón ha estado marcado por una profunda inquietud espiritual. El hombre puede tener bienes, conocimiento, religión y reconocimiento, pero aun así experimentar un vacío que nada logra llenar. Esa inquietud es evidencia de que fuimos creados para buscar a Dios. Como dijo el salmista: “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” (Salmo 42:20).
El problema no es que el ser humano no busque; el verdadero problema es qué o a quién busca. Muchos buscan éxito, estabilidad económica, placer, seguridad emocional o incluso religión, pero pocos buscan sinceramente a Cristo como Rey y Salvador.
En Mateo capítulo 2 encontramos una escena profundamente reveladora. Mientras Jerusalén está ocupada en su rutina religiosa y política, unos hombres del oriente emprenden un largo y costoso viaje con un solo propósito: encontrar y adorar al Rey que había nacido. Estos hombres, conocidos como los magos, no pertenecían al pueblo judío, no tenían la Ley de Moisés ni los profetas, pero poseían algo esencial: un corazón dispuesto a buscar la verdad.
Este pasaje nos confronta con una pregunta fundamental para nuestra vida cristiana: ¿Somos verdaderos buscadores del Rey o simples espectadores religiosos?A través de este relato, el Espíritu Santo nos enseña cómo luce una fe auténtica que agrada a Dios, una fe que busca, persevera, se goza, adora y es transformada.
Imaginemos a un viajero cruzando un desierto durante la noche. No tiene mapas detallados ni conoce bien el terreno, pero ve una luz a lo lejos. Otros viajeros se burlan de él y le dicen que siga el camino conocido, que no se arriesgue. Sin embargo, el viajero decide seguir la luz. Camina durante horas, enfrenta cansancio y dudas, pero al final descubre que esa luz lo condujo a un oasis que le salvó la vida.
Así fueron los magos. No tenían todas las respuestas, pero siguieron la luz que Dios les dio. Y esa luz no los llevó a un palacio, sino a Cristo. Siempre que alguien sigue la luz de Dios con sinceridad, terminará encontrándose con Jesús.
I. Los verdaderos buscadores tienen un corazón que anhela al Rey
Mateo 2: 1-2
Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.
Mateo comienza ubicando el nacimiento de Jesús en un contexto histórico real: Belén, Judea, bajo el reinado de Herodes el Grande. Esto nos recuerda que el cristianismo no se basa en mitos, sino en hechos históricos.
Los magos eran sabios, probablemente astrónomos o estudiosos de las ciencias y los escritos antiguos. No eran reyes ni necesariamente tres, pero sí eran hombres influyentes y cultos. Lo notable no es su estatus, sino su pregunta: “¿Dónde está el Rey de los judíos, que ha nacido?”
Ellos no preguntan si nació, sino dónde está. Para ellos, el nacimiento del Rey era una realidad incuestionable. Habían visto una señal —la estrella— y entendieron que Dios estaba anunciando algo trascendental.
El comentarista bíblico William Barclay señala que los magos representan a personas que “sabían que en el mundo debía existir algo más grande que ellas mismas, y no descansaron hasta encontrarlo”. Dios siempre responde a los corazones que buscan con sinceridad.
Aplicación para la vida cristiana
- La fe verdadera comienza con un anhelo genuino por Cristo, no por beneficios materiales.
- Muchos conocen datos sobre Jesús, pero pocos lo buscan como Rey de su vida.
- Buscar a Cristo implica esfuerzo, sacrificio y decisión.
Hoy debemos preguntarnos: ¿Estoy buscando a Jesús por quien Él es o solo por lo que puede darme? La Escritura nos recuerda: “Buscarme heis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).
II. Los verdaderos buscadores no se detienen ante la oposición
Mateo 2: 3-8
Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les pregunto dónde había de nacer cristo. Ellos le dijeron en Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta: Y tú, Belén, de la tierra de Judá, no eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un guiador, que apacentará a mi pueblo Israel. Entonces Herodes, llamando en secreto de los magos, indago de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella. Y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore.
Herodes era un rey cruel, obsesionado con mantener su poder. El anuncio del nacimiento de otro “Rey” despertó temor, no adoración. Esto revela una gran verdad espiritual: Cristo siempre confronta los tronos del corazón humano.
Herodes consulta a los principales sacerdotes y escribas, quienes conocían perfectamente las profecías mesiánicas. Ellos citan Miqueas 5:2, identificando a Belén como el lugar del nacimiento del Mesías. Sin embargo, ninguno de ellos fue a buscarlo.
Aquí vemos tres actitudes frente a Cristo:
- Herodes: rechazo y temor
- Los líderes religiosos: conocimiento sin obediencia
- Los magos: fe activa
El conocimiento bíblico sin obediencia produce indiferencia espiritual. Saber dónde está Cristo no es lo mismo que ir a Él.
Aplicación para la vida cristiana
- Buscar a Cristo genuinamente puede incomodar a otros.
- No toda oposición viene del mundo; a veces viene del ámbito religioso.
- El creyente verdadero debe perseverar aun cuando otros no compartan su pasión.
Jesús dijo: “Entrad por la puerta estrecha” (Mateo 7:13). Seguir a Cristo nunca ha sido el camino fácil, pero siempre ha sido el camino correcto.
III. Los verdaderos buscadores se gozan cuando encuentran a Cristo
Mateo 2: 9-10
Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que había visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño. “Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.”
Dios reafirma Su guía. La estrella reaparece, confirmando que los magos iban por el camino correcto. El texto enfatiza el gozo: “muy grande gozo”. No era una emoción superficial, sino una alegría profunda que brota del alma.
El gozo es una señal del encuentro genuino con Cristo. No depende de las circunstancias externas, sino de la certeza de estar en la voluntad de Dios. El teólogo Matthew Henry afirma: “Dios da gozo abundante a aquellos que perseveran fielmente en la búsqueda de Cristo”.
Aplicación para la vida cristiana
- El creyente que camina con Cristo experimenta gozo aun en medio de pruebas.
- Cuando seguimos la guía de Dios, Él confirma Su presencia.
- Hemos perdido gozo cuando dejamos de buscar a Cristo con pasión.
IV. Los verdaderos buscadores adoran y ofrecen lo mejor
Mateo 2: 11
Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.
Los magos no encontraron un trono, sino una casa sencilla. No hallaron una corona de oro, sino a un niño. Sin embargo, no dudaron. Se postraron y adoraron. Primero adoraron, luego ofrecieron. La verdadera adoración siempre comienza con un corazón rendido. El oro simboliza realeza, el incienso divinidad, y la mirra sufrimiento y muerte. Sin saberlo plenamente, proclamaron quién era Jesús.
Aplicación para la vida cristiana
- La adoración verdadera no depende del lugar ni de la apariencia.
- Dios merece lo mejor de nuestra vida, no lo que sobra.
- Adorar es rendir nuestra voluntad a Cristo.
Romanos 12:1 nos exhorta: “Presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”.
V. Los verdaderos buscadores regresan transformados
Mateo 2: 12
Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.
El encuentro con Cristo produjo discernimiento y obediencia. Dios los guio por otro camino. Esto simboliza una verdad espiritual profunda: nadie se encuentra con Cristo y sigue igual.
La salvación produce transformación. La fe genuina siempre resulta en obediencia.
Aplicación para la vida cristiana
- El creyente no vuelve a su antigua manera de vivir.
- Dios siempre provee dirección a quienes le obedecen.
- Caminar con Cristo implica decisiones nuevas y caminos distintos.
2 corintios 5:17 declara: “De modo que, si alguno está en Cristo, nueva criatura es”
VI. Conclusión
Los magos no tenían todas las respuestas, pero tenían un corazón dispuesto. Buscaron al Rey, perseveraron ante la oposición, se gozaron al encontrarlo, lo adoraron con entrega total y regresaron transformados.
Hoy Cristo sigue siendo el Rey que se deja encontrar por quienes le buscan de verdad. La pregunta final no es si conocemos la historia, sino: ¿Somos verdaderos buscadores del Rey? Que nuestra vida refleje una fe auténtica que busca, adora y obedece a Cristo con todo el corazón.





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