Prof. Hugo Pariona Aliaga — Líder IBECH
14 de diciembre de 2025
Eclesiastés culmina con una afirmación que atraviesa toda la reflexión del libro y la eleva a su punto más alto: “El fin de todo el discurso oído es este: teme a Dios y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre”. Después de explorar la fugacidad de la vida, la frustración del esfuerzo humano y los límites de la sabiduría terrenal, Salomón nos conduce a una conclusión clara y necesaria. El sentido de la existencia no se encuentra en lo que acumulamos, logramos o experimentamos, sino en nuestra relación con Dios.
Eclesiastés 12 nos recuerda que la vida es breve y que llegará el día en que cada obra será traída a juicio. Esta realidad no pretende sembrar temor paralizante, sino despertar una vida vivida con responsabilidad, reverencia y propósito. Temer a Dios implica reconocer Su autoridad, vivir conscientes de Su presencia y ordenar nuestras decisiones conforme a Su voluntad. Guardar Sus mandamientos no es legalismo, sino una respuesta amorosa a quien nos creó y nos sostiene.
En un mundo que relativiza la verdad y busca significado en lo pasajero, este mensaje sigue siendo profundamente actual. Vivir a la luz de Dios da coherencia al presente y esperanza al futuro. Solo así la vida, aun con sus límites y dolores, adquiere un valor eterno.






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