Dr. Joel B. Vílchez Gutiérrez – Pastor IBECH
8 de junio de 2025
Vivimos en tiempos de incertidumbre, donde el temor y la inseguridad se han vuelto parte del día a día. Sin embargo, Dios nos ofrece un refugio inquebrantable: Su presencia. El Salmo 91 no es solo un poema hermoso, sino una promesa viva para quienes deciden habitar bajo el abrigo del Altísimo. Hoy meditaremos en lo que significa morar bajo la sombra del Omnipotente: no una visita ocasional, sino una vida de comunión constante con Aquel que tiene todo poder. Descubramos juntos cómo esta verdad puede transformar nuestra manera de vivir, confiar y enfrentar cualquier adversidad.
Un día caluroso de verano, un niño caminaba con su padre por un camino rural. El sol caía con fuerza sobre sus cabezas y no había sombra cerca. El niño, sudando y agotado, comenzó a quejarse. Entonces, el padre lo tomó de la mano y lo llevó bajo un enorme árbol que extendía sus ramas con generosidad. La sombra era fresca, y el niño suspiró aliviado. Sentados allí, el padre le dijo: “Hijo, este árbol no quitó el calor del día, pero sí te protegió de sus efectos. Así es Dios cuando moramos bajo su sombra”.
Muchos creen que estar bajo la sombra del Omnipotente significa que nunca pasaremos por problemas. Pero esa sombra no siempre elimina el calor, sino que nos protege para que no nos consuma. El peligro puede seguir presente, pero bajo Su cobertura encontramos descanso, dirección y paz.
La clave no está solo en buscar sombra cuando el sol se vuelve insoportable, sino en morar allí, hacer de Su presencia nuestro hogar permanente. Como el niño que fue guiado a un lugar seguro por la mano de su padre, así Dios quiere llevarnos a esa sombra que refresca el alma y renueva la esperanza.
Morar bajo Su sombra no es una visita ocasional en los momentos difíciles; es una decisión diaria de permanecer cerca de Él, confiando en Su poder, Su amor y Su fidelidad eterna.
Podemos tomar todo tipo de protección para protegernos de cualquier mal, pero no es suficiente porque nada en sí mismo tiene poder para resguardar si no es que primero acudimos a la Fuente de Protección, nuestro Dios, Altísimo y Omnipotente.
Es imposible protegernos a nosotros mismos de todos los males que hay en el mundo. Nuestra protección real es el Altísimo, el Omnipotente, su Sombra, su Abrigo. Fuera de Él, estamos desprotegidos, y en el Salmo 91 encontramos ese cúmulo de promesas en protección, provisión, liberación, cobertura, largura de días, y salvación.
I. El Señor es tu castillo
Salmos 91:1-2
El que habita al abrigo del Altísimo. Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré.
Estos versículos presentan una invitación profunda: no solo buscar a Dios en momentos de angustia, sino habitar en Él constantemente. «El que habita al abrigo del Altísimo» describe una relación íntima y continua, no una visita ocasional. «Morará bajo la sombra del Omnipotente» evoca protección, cercanía y descanso en medio del peligro. El salmista declara con fe: “Mi esperanza, mi castillo, mi Dios en quien confiaré”. Esta confesión personal revela que el refugio no es un lugar físico, sino una Persona: Dios mismo. Es allí donde el creyente halla seguridad absoluta, paz duradera y confianza inquebrantable.
¿Quiénes son los que habitan al abrigo del Altísimo? Los que han recibido a Jesús como único Señor y Salvador de sus vidas, es decir, los que han sido hechos hijos de Dios. No todos los seres humanos están bajo su cobertura, y aunque Él tiene sus brazos abiertos para recibir a todos, así y todo, muchos no quieren venir a Él para tener vida.
La declaración del salmista revela su fe en el Dios que ofrece un refugio seguro como un castillo. Es una convicción que sólo los escogidos de Dios poseen.
Quién se acoge al abrigo del omnipotente afirma con vehemencia y de corazón que Dios es “el castillo” en quién pone su confianza. Nombra el atributo omnipotente para afirmar que nada puede ser más poderoso que Dios. Y también hace referencia a un castillo, un lugar fuerte, seguro, gobernado por un rey que es Jesús, donde también existen soldados, que son los ángeles protectores. Allí es donde nos encontramos en el espíritu cuando ponemos como estandarte a Dios.
Este lugar de protección es real, pero tiene sus condiciones. Dios enumera parte de las condiciones que debemos cumplir antes de hablar de las promesas incluidas en lo que le corresponde a Él. Esto significa que nuestra parte tiene que venir primero, es decir, si queremos permanecer bajo la sombra del Omnipotente, debemos optar por habitar al abrigo del Altísimo.
II. El Señor te libra
Salmos 91:3-4
Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad.
En estos versículos, el salmista profundiza en la protección divina. Dios no solo ofrece refugio, sino que actúa activamente como libertador. Él libra del lazo del cazador —las trampas del enemigo espiritual— y de la peste destructora —los males invisibles e incontrolables. Luego usa una imagen tierna y poderosa: como un ave protege a sus crías bajo sus alas, así Dios cubre a los suyos. Su fidelidad es escudo y adarga: defensa firme contra toda amenaza. No es la fuerza humana la que asegura victoria, sino la fidelidad de un Dios que guarda, protege y cubre con amor eterno.
Como actúa los cazadores. Se internaban en la montaña y colocaban trampas en lugares estratégicos. Hacían un gran agujero calculando el cuerpo del animal que querían cazar, luego, lo cubrían con hojas y varas secas. La idea era que el animal caminara confiadamente sin darse cuenta que allí había una trampa, y al caer, como el agujero era profundo, no podía salir. El animal no moría en el momento, pasaba un proceso lento y doloroso, y al final, el cazador llegaba justo a matarlo. Esta imagen es exacta para ilustrar lo que Satanás hace con los cristianos.
Satanás por medio de las personas nos pondrá trampas y artimañas para destruirnos, pero bajo la protección del Señor estas trampas son inútiles y destruidas, al igual que las pestes. Satanás es “cazador” por naturaleza, como león rugiente anda buscando a quién devorar. Nuestra oración debe ser en todo momento y lugar, que el Señor nos libre del lazo del cazador, aun cuando vamos a realizar algo que aparentemente es normal o cotidiano, porque, aunque no todo procede de Satanás, de todo él quiere ganar ventaja.
Si pones tu confianza en el Señor, abrirá las alas de su protección sobre ti y vivirás seguro. Debajo de sus alas es una expresión de cuidado maternal, Dios nos protege como cualquier padre a sus hijos. Es idolatría poner nuestra fe en cosas ajenas a él, por eso su verdad es la verdad absoluta a la que debemos aferrarnos, la confianza en esta revelación llega a ser un escudo protector.
El Salmo 91 describe a Dios como “escudo y adarga” que nos protege. El escudo es una defensa amplia, que cubre el cuerpo entero del guerrero, protegiéndolo de ataques frontales y laterales; representa la protección completa y constante de Dios frente a cualquier peligro. La adarga, en cambio, es un escudo más pequeño y manejable, usado para defender ataques rápidos o precisos, simbolizando la protección específica y eficaz en momentos de crisis. Juntos, estos términos revelan que Dios nos resguarda tanto de amenazas generales como de ataques inesperados con fidelidad y poder.
III. El Señor te alienta
Salmos 91:5-6
No temerás el terror nocturno, Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya.
Estos versículos nos recuerdan que el temor no debe dominar al creyente porque Dios es nuestro protector. “No temerás el terror nocturno” habla de los miedos más profundos e invisibles que acechan en la oscuridad, mientras que “ni saeta que vuele de día” representa los peligros visibles y repentinos. También menciona la peste y destrucción que se mueven en la oscuridad, simbolizando enfermedades y calamidades inesperadas. La confianza en Dios elimina el miedo a estas amenazas, pues bajo Su sombra encontramos seguridad absoluta, aún cuando enfrentemos situaciones que sobrepasan nuestro control o comprensión.
En la oscuridad se manifiesta con mayor poder las fuerzas del enemigo, la oscuridad facilita la mayoría de los asaltos y robos, a su vez la oscuridad puede ser una causa de temor en la noche, pero cuando el Señor es tú guardián las noches se transforman en paz y plácido descanso. El terror no invadirá nuestros corazones porque Jesús lo ha llenado de amor. Las flechas lanzadas de día son un símbolo de las cosas que nos pueden pasar mientras hacemos nuestras labores durante el día. Luego nombra la peste en la oscuridad y la mortandad a pleno sol, de día y de noche estamos expuestos a distintos peligros de pestilencias y muerte, pero al hacer la voluntad de Dios estamos alejados del espíritu de mortandad y cualquier clase de pestilencias que puedan manifestarse.
Dios es capaz de resguardar a sus hijos de todos los temores que nos pueden afectar, incluyendo lazos o trampas de malhechores, pestes, guerras, pestilencias y mortandad, tal cual estamos presenciando por estos días. Su verdad actúa como escudo protector, y su palabra es verdad, y la verdad es Jesucristo.
IV. El Señor te ayuda en la batalla
Salmos 91:7-8
Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra; Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás. Y verás la recompensa de los impíos.
Estos versículos resaltan la protección divina en medio del peligro. Aunque a nuestro alrededor caigan miles, el creyente que habita bajo la sombra del Altísimo estará protegido. La caída de “mil a tu lado, y diez mil a tu diestra” no significa que el mal desaparecerá, sino que Dios preserva a quienes confían en Él de forma especial. La imagen transmite la idea de que la adversidad puede ser abrumadora, pero la fidelidad de Dios actúa como un muro invisible que nos guarda.
El “no te alcanzará” no implica inmunidad absoluta, sino protección efectiva y divina. Dios no promete ausencia total de problemas, sino que, en medio de ellos, Él es nuestro escudo y refugio. Esto fortalece la fe del creyente, quien puede permanecer firme, sabiendo que aunque el mundo se desmorone a su alrededor, Dios mantiene su vida segura.
Este pasaje también invita a mantener la confianza plena en el poder y la fidelidad de Dios, reconociendo que la batalla espiritual es real, pero la victoria pertenece a quien se refugia en Él. Es un llamado a vivir sin temor, con la seguridad que solo la presencia del Altísimo puede dar.
En el mundo arrasan en todo tiempo diversas crisis, caos y problemas globales, ya sean de enfermedades, muerte o económicos, pero, aunque las tinieblas te rodeen el Señor será tu luz. Quienes rechacen la gracia de Dios estarán más expuestos a estos peligros. De hecho siempre hay algún tipo de crisis en el mundo, pero de todas ellas nos librará el Señor, cuando ante la adversidad confesamos la victoria del nombre del Señor Jesús.
Podrán sucumbir muchos a nuestro alrededor, sin embargo, Dios guardará a los suyos, tal como Dios libró a su pueblo Israel en medio de las plagas de Egipto. Con nuestros ojos veremos el pago de los obradores de maldad.
V. El Señor es tu protector
Salmos 91:9-10
Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada.
Estos versículos resaltan la importancia de elegir confiar plenamente en Dios. Al hacer del Altísimo nuestro refugio, ninguna calamidad nos alcanzará. La protección divina es una promesa para quienes lo buscan y permanecen en Su presencia, confiando en Su poder y amor inquebrantable.
En esta parte nos cubre con una declaración más que alentadora, diciendo que no hay ninguna clase de mal que nos podrá afectar si lo ponemos como nuestro fuerte refugio. Y al igual que la sangre de los corderos cubría la casa de los israelitas para que no entre la mortandad así mismo la sangre de Cristo cubre nuestra casa para que no entre en ella ninguna clase de plaga conocida o desconocida.
¿Y por qué Dios habría de librarnos? La respuesta está en este versículo: Porque nuestra esperanza no está en los hombres, ni en el dinero, ni en nuestras capacidades personales; sino sólo en Dios. Además, hemos permitido al Altísimo que haga morada en nuestro corazón, pues hemos recibido al Espíritu Santo, el cual mora en nosotros, y nuestro cuerpo es su habitación y su templo.
Si alguno no pone toda su confianza en Dios, ni tampoco ha hecho de su cuerpo templo de su Espíritu, no puede recibir su protección.
VI. El Señor te cuida
Salmos 91:11-13
Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos. En las manos te llevarán, Para que tu no tropiece en piedra. Sobre el león y el áspid pisarás; Hollarás al cachorro del león y al dragón.
Dios se vale del trabajo de los ángeles para llevar a cabo sus propósitos, entre los muchos tipos de ángeles que existen están los protectores o guardianes, que tienen la capacidad de preservarnos. Tenemos que pedir a Dios que envíe sus ángeles para protegernos en todo tiempo y ellos vendrán con su poder sobrenatural a nuestro lado. Si bien nosotros no sabemos con qué piedra podríamos tropezar en el camino, ellos si lo saben y nos evitan muchos tropiezos. La autoridad del nombre de Jesús nos habilita para reprender todo espíritu maligno y destructor poniéndolo bajo nuestros pies para aplastarlos. En Cristo somos más que vencedores y tenemos poder sobre toda fuerza del enemigo y nada nos dañará.
Como espíritus ministradores enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación, los ángeles se encargarán de resguardar nuestras vidas, alejando muchos peligros. Así y todo, hay algunos “creyentes” con guardaespaldas humanos, pero ¿qué mejor que los ángeles defensores que acampan alrededor de los que temen a Dios? ¿Quieres un buen guardaespaldas? Teme a Dios y lo tendrás.
Dios ha puesto toda potestad a los pies de su hijo Jesucristo, y por Él nosotros somos más que vencedores ante toda fuerza del diablo. Por Cristo, hemos recibido potestad por sobre toda fuerza del enemigo y nada nos dañará
VII. El Señor nos pone a salvo
Salmos 91:14-16
Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré; Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre. Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré. Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación.
En estos versículos, Dios se dirige personalmente a quienes le aman, mostrando la profundidad de la relación entre Él y sus hijos. “Me ama, yo lo libraré” expresa una seguridad única: la protección divina no es impersonal ni genérica, sino una liberación activa y cercana que responde al amor y la fidelidad del creyente. Dios promete “lo pondré en alto”, lo cual implica honor, exaltación y una posición de seguridad que trasciende las circunstancias terrenales.
La respuesta divina no es solo para el momento de peligro, sino también una promesa de cercanía continua: “me glorificará, y yo le daré protección”. Aquí la protección es un regalo permanente, fruto de la confianza y comunión con Él. Además, Dios promete “lo saciaré de larga vida” y “le mostraré mi salvación”, asegurando una vida plena, bendecida y con la certeza de la victoria final sobre el mal.
Este pasaje es un llamado a amar a Dios con todo el corazón, sabiendo que ese amor activa la fidelidad y el poder del Altísimo para salvar, proteger y glorificar a quienes le buscan de verdad. La promesa incluye salvación eterna y bendición abundante en la vida presente, reforzando la confianza en Su poder y bondad.
VIII. Conclusión
Morar bajo la sombra del Omnipotente es mucho más que buscar protección en momentos de dificultad; es establecer una relación diaria y profunda con Dios, confiando plenamente en Su poder y fidelidad. Como el Salmo 91 nos recuerda, en Él hallamos refugio, liberación y paz, incluso cuando el peligro acecha. Que esta verdad transforme nuestra manera de vivir: no temamos al mundo ni a sus amenazas, sino permanezcamos firmes en Su presencia, seguros bajo Su cuidado constante. Así, nuestra fe será fuerte, y nuestra esperanza, inquebrantable. Morar con Dios es vivir en victoria.






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