Dr. Joel B. Vílchez Gutiérrez – Pastor IBECH
9 de marzo de 2025
La vida cristiana no está exenta de dificultades, pero en medio de ellas, tenemos una certeza inquebrantable: Dios nunca abandona a los justos. Esta verdad se repite en toda la Escritura y se convierte en una fuente de esperanza para aquellos que han decidido seguir a Dios con sinceridad. El Salmo 34 es un testimonio vivo de esta realidad, ya que fue escrito por David en un momento de peligro y angustia.
David escribió este salmo después de haber sido librado de una situación peligrosa cuando se encontraba entre los filisteos. En 1 Samuel se relata cómo David, huyendo de Saúl, llegó a la ciudad de Gat y fue reconocido por los siervos del rey Aquis. Sabiendo que su vida corría peligro, fingió estar loco para evitar ser asesinado. Su plan funcionó, y fue expulsado de la ciudad en lugar de ser ejecutado. En este contexto, David reconoció que su liberación no fue producto de su astucia, sino de la intervención divina. Así nace este salmo como una alabanza a Dios por su fidelidad.
A lo largo del Salmo 34, David destaca una verdad fundamental: Dios cuida de sus hijos y los libra de sus aflicciones. Sin embargo, este cuidado no significa que los justos no experimentarán problemas. Más bien, implica que Dios estará con ellos en cada prueba y que, al final, los sostendrá y los redimirá.
La justicia mencionada en este pasaje no se refiere a la perfección humana. En la Biblia, los “justos” son aquellos que buscan a Dios con un corazón sincero, que confían en Él y que han sido justificados por la fe. Es decir, la promesa de la protección de Dios no es para aquellos que nunca fallan, sino para aquellos que dependen de Él y le obedecen.
Esta verdad es crucial en nuestros tiempos, donde muchas personas sienten que Dios los ha abandonado cuando enfrentan sufrimiento. Sin embargo, el mensaje de este salmo nos recuerda que, aunque pasemos por pruebas, Dios sigue presente, atento a nuestras oraciones y dispuesto a librarnos.
En esta prédica, exploraremos cómo Dios cuida, rescata, sostiene y protege a sus hijos, asegurándonos que nunca estamos solos. Si has pasado por momentos de angustia y te has preguntado si Dios sigue contigo, este mensaje te fortalecerá.
I. Dios cuida de los justos
Salmos 34:15-16
Los ojos de Jehová están sobre los justos, Y atentos sus oídos al clamor de ellos. La ira de Jehová contra los que hacen mal, Para cortar de la tierra la memoria de ellos.
Uno de los aspectos más reconfortantes de la relación con Dios es saber que Él está atento a nuestra vida. El Salmo 34:15 nos dice:
«Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos.»
Este versículo nos muestra la cercanía de Dios con sus hijos. Su mirada no es distante ni indiferente; Él observa con atención, con amor y con un profundo interés en lo que nos ocurre. Nada de lo que enfrentamos pasa desapercibido para Dios. Su oído está inclinado hacia el clamor de los justos, lo que significa que cuando oramos, Él nos escucha.
Esta verdad es crucial porque, en tiempos de prueba, es fácil sentir que Dios está en silencio. Podemos preguntarnos: “¿Acaso Dios me ha olvidado?” Sin embargo, este versículo nos recuerda que Dios está más presente de lo que imaginamos.
Por otro lado, el versículo 16 presenta el contraste con aquellos que hacen el mal:
«La ira de Jehová está contra los que hacen mal, para cortar de la tierra la memoria de ellos.»
Dios no solo cuida de los justos, sino que también se enfrenta a los impíos. La justicia de Dios no permite que la maldad quede impune. Aunque a veces parezca que los malvados prosperan, Dios tiene el control y, en su tiempo perfecto, hará justicia.
Este principio se refuerza en otras partes de la Escritura. Proverbios 15:29 dice:
«Jehová está lejos de los impíos; pero él oye la oración de los justos.»
Dios no solo escucha a los justos, sino que se opone a los malvados. Esto nos da seguridad porque sabemos que Él ve nuestras luchas y no permitirá que la injusticia prevalezca para siempre.
¿Estamos confiando en que Dios ve nuestra situación? En lugar de desesperarnos, podemos descansar en la certeza de que Dios está atento a nuestras vidas y responderá en su tiempo perfecto.
II. Dios rescata a los justos en sus aflicciones
Salmos 34:17-19
Claman los justos, y Jehová oye, Y los libra de todas sus angustias. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová.
La vida del creyente está marcada por pruebas, pero la diferencia entre el justo y el impío es que el primero cuenta con la intervención de Dios en sus dificultades. El Salmo 34:17 nos ofrece una promesa alentadora:
«Claman los justos, y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias.»
Aquí encontramos tres acciones clave: los justos claman, Dios escucha y Dios libra. La idea de clamar implica un grito desesperado de ayuda. No es una simple oración rutinaria, sino un ruego sincero nacido del sufrimiento. El hecho de que Dios escuche significa que no es indiferente a nuestras aflicciones; Él está atento a cada clamor genuino. Y finalmente, Dios libra, lo que indica que Él interviene de manera activa en la vida de los justos.
Sin embargo, es importante entender que el rescate de Dios no siempre es inmediato ni ocurre de la manera que esperamos. A veces, en nuestra desesperación, queremos que Dios actúe en nuestro tiempo y según nuestros términos, pero Dios tiene un plan más amplio. Su liberación puede ser de diversas formas: puede quitar la prueba, darnos fuerzas para soportarla o usarla para transformarnos.
El versículo 18 añade una dimensión conmovedora a la relación de Dios con sus hijos:
«Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu.»
Dios no solo escucha y libra, sino que también se acerca a aquellos que están en el punto más bajo de su vida. El quebranto de corazón habla de un dolor profundo, una angustia que deja sin fuerzas. Sin embargo, Dios no nos deja en ese estado; Él nos salva y nos restaura.
El versículo 19 es clave:
«Muchas son las aflicciones del justo, pero de todas ellas le librará Jehová.»
Este versículo no nos promete una vida sin problemas. De hecho, enfatiza que el justo tendrá muchas aflicciones. La diferencia no es la ausencia de pruebas, sino la certeza de que Dios intervendrá.
Ejemplo bíblico: José en Egipto. Sus hermanos lo vendieron, fue acusado injustamente y encarcelado. Sin embargo, Dios lo libró y lo exaltó a una posición de autoridad en Egipto.
Cuando enfrentamos pruebas, en lugar de desesperarnos, debemos recordar que Dios está obrando, aunque no siempre lo veamos. ¿Estamos confiando en su rescate o estamos permitiendo que el temor nos controle?
III. Dios sostiene y protege a los suyos
Salmos 34:20-22
Él guarda todos sus huesos; Ni uno de ellos será quebrantado. Matará al malo la maldad, Y los que aborrecen al justo serán condenados. Jehová redime el alma de sus siervos, Y no serán condenados cuantos en él confían.
La protección de Dios sobre sus hijos no significa que nunca experimentaremos dolor, sino que Él nos sostendrá y guardará en medio de las dificultades. El Salmo 34:20 declara:
«Él guarda todos sus huesos; ni uno de ellos será quebrantado.»
Este versículo tiene un doble significado. En primer lugar, representa la protección de Dios sobre sus hijos, asegurando que no serán destruidos completamente por sus aflicciones. En segundo lugar, es una profecía mesiánica que se cumplió en Jesús en la cruz, cuando Juan 19:36 dice:
«Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliese la Escritura: No será quebrantado hueso suyo.»
En el contexto de nuestra vida, esto nos recuerda que aunque enfrentemos tiempos difíciles, Dios nos preserva y nos da fuerzas para seguir adelante. No significa que nunca sufriremos daño físico, sino que Dios tiene el control absoluto sobre nuestra vida y nos sostiene en medio de las pruebas.
El versículo 21 introduce el contraste entre los justos y los impíos:
«Matará al malo la maldad, y los que aborrecen al justo serán condenados.»
Aquí se enfatiza la justicia de Dios. A veces parece que los malvados prosperan y los justos sufren, pero este pasaje nos recuerda que la maldad tiene consecuencias. Puede que en esta vida los impíos parezcan salir impunes, pero Dios es el juez supremo y traerá justicia en su tiempo perfecto.
Finalmente, el Salmo 34 concluye con una de las promesas más hermosas en el versículo 22:
«Jehová redime el alma de sus siervos, y no serán condenados cuantos en él confían.»
Aquí encontramos la mayor esperanza del creyente: la redención de Dios. La palabra «redimir» significa comprar de vuelta o liberar mediante un precio. Esto apunta al sacrificio de Cristo en la cruz, quien pagó el precio de nuestro pecado para librarnos de la condenación eterna.
Aplicación: Dios no solo nos libra de pruebas temporales, sino que nos ha dado la redención eterna en Cristo. Si hemos depositado nuestra confianza en Él, podemos vivir con la seguridad de que no seremos condenados. ¿Estamos confiando plenamente en la protección y salvación de Dios o seguimos preocupados por el futuro?
IV. Conclusión y aplicación
El mensaje del Salmo 34:15-22 es claro: Dios nunca abandona a los justos. A lo largo del pasaje, hemos visto cuatro verdades fundamentales:
- Dios cuida de los justos: Sus ojos están sobre ellos y sus oídos atentos a sus oraciones. Nada escapa de su control. Esto significa que Dios está siempre consciente de nuestras necesidades, luchas y anhelos. No hay oración que pase desapercibida ni lágrima que Él no vea.
- Dios rescata a los justos: Aunque enfrentemos muchas aflicciones. No significa que nunca sufriremos, sino que nunca estaremos solos en el sufrimiento. Dios tiene su tiempo y su manera de librarnos, y aunque a veces no entendamos su propósito inmediato, podemos confiar en su fidelidad.
- Dios sostiene y protege a los suyos: No importa cuán grande sea la prueba, Dios nos sostiene y nos preserva para cumplir su propósito. Su poder es mayor que cualquier circunstancia, y su gracia es suficiente en toda prueba. Nos fortalece en la debilidad y nos guarda de caer.
- Dios nos redime y nos asegura la vida eterna: La mayor victoria no es solo ser librados de problemas temporales, sino recibir la salvación eterna. En Cristo, tenemos la certeza de que jamás seremos abandonados.
Este mensaje es relevante para cada creyente, especialmente en tiempos de crisis. Es fácil sentir miedo, incertidumbre o incluso dudar del cuidado de Dios cuando las circunstancias son adversas. Sin embargo, la Biblia nos da la seguridad de que Dios está presente en cada etapa de nuestra vida.
Para tomar las promesas de Salmo 34:15-22, debemos primero creer que la Palabra de Dios es verdadera y aplicable a nuestra vida. Estas promesas no son solo para tiempos bíblicos, sino que siguen vigentes hoy para quienes confían en Él.
Si estás atravesando pruebas, no te desesperes. Las dificultades pueden parecer abrumadoras, pero no estás solo. Dios siempre escucha el clamor de aquellos que confían en Él. Aunque a veces la respuesta no llega de inmediato o de la forma que esperamos, podemos estar seguros de que Él actúa con sabiduría y amor. Cada prueba es una oportunidad para fortalecer nuestra fe, aprender a depender más de Dios y ver su mano obrando en nuestra vida. No importa lo grande que sea el desafío, Dios es más grande y tiene el poder para darte la victoria.
Si has sentido que Dios está distante, recuerda que Él está más cerca de lo que imaginas. En los momentos de angustia y dolor, puede parecer que el cielo está en silencio, pero Dios nunca abandona a sus hijos. Él comprende cada lágrima y conoce cada pensamiento. Su presencia no depende de lo que sintamos, sino de su amor constante. Cuando pasamos por tiempos difíciles, en lugar de alejarnos, debemos acercarnos más a Él, porque en su presencia encontramos consuelo y restauración.
Si temes al futuro, recuerda que Dios te sostiene y nunca te dejará solo. La vida está llena de incertidumbre, y muchas veces nos preocupa lo que vendrá. Sin embargo, podemos vivir con confianza, sabiendo que Dios tiene el control. Él abre caminos donde no los hay y nos da la fuerza para seguir adelante. No importa lo que enfrentes mañana, Dios ya está allí, preparándolo todo para tu bien.
Y lo más importante: si aún no has depositado tu confianza en Cristo, hoy es el momento perfecto para hacerlo. No hay seguridad mayor que la que encontramos en Él. La verdadera paz no se encuentra en las circunstancias, sino en una relación personal con Dios. Él ofrece redención, esperanza y un propósito eterno. No pospongas esta decisión, porque en Cristo hay vida, restauración y un futuro lleno de su amor.
En resumen: No importa cuán grande sea tu prueba, Dios está contigo. Él escucha tu clamor, te sostiene en la aflicción y nunca te abandona. No dejes que el miedo o la incertidumbre te alejen de su amor. Acércate a Él con confianza, porque su cuidado es real y su fidelidad es eterna. Si aún no has puesto tu vida en sus manos, hoy es el momento de hacerlo. Solo en Dios encontramos verdadera paz, propósito y esperanza. No pospongas la decisión más importante de tu vida: confiar plenamente en Él y vivir bajo su cuidado y redención.






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