Dr. Joel B. Vílchez Gutiérrez

29 de diciembre de 2024

Al iniciar un nuevo año, muchos hacen planes y propósitos: perder peso, ahorrar dinero, pasar más tiempo con la familia. Sin embargo, ¿cuántos de esos planes logran cumplirse? La vida es incierta, y nuestros planes pueden desmoronarse por circunstancias inesperadas. Pero hay un consuelo maravilloso para los creyentes: Dios tiene un plan perfecto para nuestras vidas.

Imagínate un niño armando un rompecabezas. Al principio, todo parece caótico, con piezas desordenadas que no parecen encajar. Sin embargo, el niño sigue trabajando con paciencia porque confía en que el diseño final será hermoso. De manera similar, aunque nuestras vidas a veces parezcan confusas, podemos confiar en que Dios está ensamblando cada pieza de acuerdo a Su perfecto plan.

El profeta Jeremías, en medio del exilio de Israel, recordó al pueblo que Dios tenía pensamientos de paz y un futuro lleno de esperanza para ellos. Este mensaje también es para nosotros hoy. Examinemos juntos cómo este plan perfecto nos invita a confiar y vivir con propósito en el año que comienza.

I. El Plan de Dios es Bueno

Jeremías 29:11

Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.

Dios asegura que Sus pensamientos para nosotros son de paz y no de mal. La palabra shalom va más allá de la simple tranquilidad; implica plenitud, bienestar y armonía. Aunque enfrentemos retos en este nuevo año, podemos confiar en que Dios no nos abandonará ni permitirá que enfrentemos algo sin propósito.

El contexto de Jeremías 29:11 es clave para entender su profundidad. Este mensaje fue dado al pueblo de Israel mientras estaban en el exilio en Babilonia, una situación que podría parecer desesperada. Sin embargo, Dios les recordó que, aunque estaban pasando por disciplina debido a su desobediencia, él tenía un plan bueno y perfecto para restaurarlos y darles un futuro lleno de esperanza. Esta verdad trasciende el tiempo y es aplicable a nuestras vidas hoy. No importa cuán incierta o difícil parezca nuestra situación, podemos descansar en el hecho de que el plan de Dios es siempre bueno.

Un ejemplo bíblico es José. Vendido como esclavo por sus propios hermanos, podría haber pensado que todo estaba perdido. Pero, al final, José reconoció que Dios había usado esos eventos para preservar a su familia y cumplir Su plan. José tuvo que atravesar pruebas severas, como la traición, la injusticia y el olvido, pero cada experiencia formó parte del propósito mayor de Dios.

De manera similar, este nuevo año podría traer momentos difíciles. Quizás enfrentes pérdidas, enfermedades o situaciones inesperadas. Sin embargo, al igual que José y el pueblo de Israel, debemos recordar que Dios está trabajando en todas las cosas para nuestro bien. Incluso cuando no vemos el panorama completo, podemos confiar en que Su plan está en marcha.

Reflexiona sobre los momentos en los que Dios transformó situaciones difíciles en bendiciones. Anota esas experiencias como recordatorio de Su fidelidad. Haz un compromiso de enfrentar los retos de este año con fe y confianza, sabiendo que el plan de Dios para ti es bueno y lleno de propósito.

II. Buscar a Dios en Todo Momento

Jeremías 29:12-13

Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón.

Dios promete ser hallado cuando lo buscamos de todo corazón. Este año nuevo no se trata solo de alcanzar metas personales, sino de buscar una relación más profunda con el Señor. La oración y la meditación en Su Palabra son esenciales para discernir Su voluntad.

El pasaje de Jeremías 29:12-13 nos da una dirección clara: «Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré. Y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón». Esto implica una búsqueda intencional y ferviente. No se trata de una oración superficial o mecánica, sino de un clamor sincero que nace de un corazón que anhela estar en comunión con su Creador.

En el día a día, es fácil distraerse con las responsabilidades y los problemas de la vida. Sin embargo, la historia de María y Marta en Lucas 10:38-42 nos enseña que priorizar la presencia de Dios es fundamental. Marta estaba ocupada con muchas cosas, pero María eligió la mejor parte: sentarse a los pies de Jesús y escuchar Su Palabra. Esto nos recuerda que la búsqueda de Dios no es un acto adicional en nuestra rutina; es el centro de nuestra existencia.

El rey David fue un ejemplo de alguien que buscaba a Dios continuamente. En los Salmos, vemos su pasión por la presencia divina: «Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para inquirir en su templo» (Salmo 27:4). Esta búsqueda constante fortalecía su fe y le daba dirección en medio de los retos.

Establece un plan de lectura bíblica para el año, enfocándote en conocer más a Dios y no solo en completar una meta. Busca momentos diarios de oración en los que puedas abrir tu corazón al Señor. Al mismo tiempo, involúcrate en actividades comunitarias que te permitan crecer junto a otros creyentes, como grupos pequeños, discipulados o ministerios de servicio. Haz un esfuerzo consciente por desconectarte de las distracciones digitales y dedicar tiempo de calidad a tu relación con Dios.

III. Confiar en la Soberanía de Dios

Proverbios 3:5-6

Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.

El nuevo año trae consigo muchas incertidumbres: cambios laborales, problemas familiares o incluso eventos globales que nos pueden hacer sentir fuera de control. Sin embargo, la soberanía de Dios nos asegura que él tiene el control absoluto de todo lo que sucede. Cuando Proverbios 3:5-6 nos llama a confiar en el Señor con todo nuestro corazón y a no apoyarnos en nuestra propia prudencia, se nos está invitando a rendir nuestras preocupaciones y planes a él, reconociendo Su autoridad sobre nuestras vidas.

La confianza en Dios no significa que siempre entenderemos lo que él hace. De hecho, a menudo enfrentaremos situaciones que parecen contradecir nuestros deseos o expectativas. Un ejemplo bíblico es Job, quien perdió todo lo que tenía: su familia, sus bienes y su salud. A pesar de no comprender el propósito detrás de su sufrimiento, Job declaró: «Jehová dio y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito» (Job 1:21). Su fe inquebrantable nos muestra que confiar en la soberanía de Dios implica someterse a él incluso en medio de la adversidad.

Un ejemplo cotidiano puede ser el de un viajero en un avión. Aunque no entienda cómo funciona la aviación ni vea al piloto, confía en que éste lo llevará a su destino. De la misma manera, aunque no veamos ni entendamos cómo Dios obra en nuestras vidas, podemos confiar en que él nos llevará al lugar correcto en Su tiempo perfecto.

La soberanía de Dios también nos libera de la ansiedad. Filipenses 4:6-7 nos exhorta a no estar afanosos, sino a presentar nuestras peticiones a Dios con acción de gracias. Cuando lo hacemos, Su paz, que sobrepasa todo entendimiento, guarda nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús. Esto significa que podemos comenzar este nuevo año con una perspectiva de descanso y confianza, sabiendo que no estamos solos ni desamparados.

Aplicación: Dedica tiempo en oración al comenzar cada semana, entregando tus preocupaciones y planes a Dios. Escribe una lista de las áreas donde te cuesta confiar en él y busca promesas bíblicas que te recuerden Su fidelidad. Practica agradecer a Dios por lo que él hará, incluso antes de ver los resultados, reconociendo que Su soberanía es perfecta y Su amor por ti es eterno.

IV. Vivir con Propósito y Esperanza

Romanos 8:28

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.

Dios obra todo para el bien de quienes le aman. Esto no significa una vida libre de problemas, sino que cada experiencia tiene un propósito eterno. Pablo y Silas, en la cárcel, cantaban himnos porque sabían que Dios estaba con ellos. Su confianza resultó en la salvación del carcelero y su familia.

Romanos 8:28 es una declaración de esperanza y confianza que resuena profundamente en los corazones de los creyentes, especialmente al comenzar un nuevo año. Pablo nos asegura que “a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. Esta afirmación no es una simple frase motivacional, sino una verdad espiritual que debe transformar la manera en que enfrentamos el tiempo por venir. Al reflexionar sobre este versículo en el contexto del inicio de un año nuevo, podemos encontrar en él una sólida base para afrontar tanto las bendiciones como los desafíos que nos esperan.

Este pasaje nos recuerda, en primer lugar, que Dios está completamente en control de nuestras vidas. No hay nada que escape a Su soberanía, y todo lo que ocurre —lo bueno, lo malo, lo esperado y lo sorpresivo— está bajo Su mano poderosa. En medio de las incertidumbres que acompañan el cambio de calendario, esta verdad debe llenar nuestros corazones de consuelo. Aunque no sabemos lo que traerá este año, podemos estar seguros de que Dios tiene un propósito perfecto en cada circunstancia. No vivimos bajo la tiranía del azar o la suerte; vivimos bajo la guía amorosa de nuestro Padre celestial.

Pablo también subraya que esta promesa es para “los que aman a Dios”. Este amor no es un simple sentimiento emocional, sino una respuesta genuina al amor que Él nos mostró primero a través de Cristo. Amar a Dios implica confianza, obediencia y devoción. Es un amor que persevera, incluso cuando las circunstancias parecen contradecir la promesa de que todas las cosas nos ayudan a bien. En este año nuevo, cada creyente debe examinar su corazón y renovar su compromiso de amar a Dios sobre todas las cosas, recordando que este amor es la base para experimentar Su paz y propósito en nuestras vidas.

Además, el “bien” que Dios promete no siempre es lo que nosotros entendemos como bienestar material o comodidad terrenal. Dios obra para nuestro bien eterno, conformándonos a la imagen de Su Hijo. Esto significa que, aunque enfrentemos pruebas, dolores o fracasos, Dios está usando cada experiencia para transformarnos, fortalecernos y hacernos más semejantes a Cristo. Por tanto, podemos mirar el futuro con esperanza, sabiendo que incluso las dificultades no son en vano, sino parte del plan divino para nuestra santificación.

Al comenzar este año, dejemos que la verdad de Romanos 8:28 nos impulse a vivir con confianza, entrega y esperanza. Que recordemos que no estamos solos, que nuestro Dios es soberano, y que Su propósito para nosotros es bueno. Cada día de este año, ya sea en alegría o en aflicción, es una oportunidad para glorificar a Dios y experimentar Su fidelidad. Vivamos confiados, sabiendo que todo lo que enfrentemos será usado por Él para nuestra edificación y Su gloria. Que este año nuevo sea un tiempo para descansar en Su promesa, crecer en amor por Él y caminar con gozo hacia el cumplimiento de Su propósito eterno.

Escribe metas que no solo se enfoquen en logros materiales, sino en cómo glorificarás a Dios este año: evangelizar, servir a los necesitados o discipular a alguien más.

Conclusión

El plan de Dios para nuestras vidas es perfecto, incluso cuando no lo entendemos. Este año nuevo es una oportunidad para confiar plenamente en Su soberanía, buscarlo de todo corazón y vivir con propósito.

¿Estás dispuesto a rendir tus planes al Señor y confiar en Su diseño perfecto? Comienza este año renovando tu compromiso con Él y permitiendo que Su voluntad guíe cada aspecto de tu vida.

El inicio de un nuevo año es una oportunidad para reflexionar, establecer metas y renovar nuestro compromiso con Dios. Como creyentes, nuestros proyectos personales y espirituales deben centrarse en la búsqueda del Reino de Dios y Su justicia, permitiendo que Él dirija nuestros pasos y propósitos.

En primer lugar, nuestros proyectos personales deben estar alineados con la voluntad de Dios. Si bien es válido anhelar crecimiento profesional, académico o físico, es crucial no dejar de lado el crecimiento espiritual. Dedica tiempo a evaluar cómo puedes glorificar a Dios en cada área de tu vida. Haz de tu familia, tu trabajo y tus relaciones un campo donde el amor y la gracia de Cristo sean reflejados.

En segundo lugar, prioriza los proyectos espirituales que te acerquen más al Señor. Establece el hábito de la oración constante, la lectura diaria de la Biblia y la congregación fiel en una iglesia local. Considera involucrarte en el servicio cristiano, ya sea discipulando a otros, apoyando misiones o participando en ministerios en tu iglesia.

Además, el año nuevo es un tiempo para fortalecer la disciplina espiritual. Planea memorizar pasajes bíblicos, leer libros cristianos edificantes o iniciar un diario espiritual para registrar tus oraciones y aprendizajes.

Finalmente, recuerda que nuestros planes siempre deben estar sujetos a la soberanía de Dios. Ora para que el Señor guíe tus decisiones y te dé la sabiduría para cumplir Sus propósitos en este nuevo año. Al final, más que alcanzar metas terrenales, nuestro mayor proyecto debe ser conocer a Cristo más profundamente y vivir de manera que Su nombre sea glorificado en todo lo que hacemos. ¡Que este año sea para Su gloria!

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