Dr. Joel B. Vílchez Gutiérrez – Pastor IBECH

15 de diciembre de 2024

La iglesia de Cristo siempre ha enfrentado el desafío de mantenerse fiel a la verdad en un mundo lleno de mentiras. En su breve carta, el apóstol Juan anima a una comunidad cristiana a permanecer en la doctrina de Cristo y a no dejarse seducir por doctrinas falsas. Este mandato no es un simple consejo, sino una instrucción crucial para nuestra relación con Dios. En un tiempo en el que el relativismo y el error amenazan constantemente, debemos entender que la doctrina no es solo teoría, sino la base de nuestra fe y práctica. ¿Estamos permaneciendo en la doctrina de Cristo?

Imagina que un constructor está levantando un edificio. Desde el primer día, sigue cuidadosamente los planos diseñados por el arquitecto. Sin embargo, un día decide ignorar esos planos, pensando que su experiencia es suficiente para terminar el proyecto. Comienza a modificar las dimensiones de las columnas y a cambiar los materiales para ahorrar costos. Al principio, el edificio parece estar bien, pero con el tiempo, surgen grietas en las paredes, y las columnas comienzan a ceder. Eventualmente, el edificio se derrumba.

Nuestra vida cristiana es como ese edificio. Dios, el gran diseñador, nos ha dado un plano perfecto: la doctrina de Cristo. Si permanecemos fieles a ella, nuestra fe será sólida y duradera. Pero si nos desviamos de su enseñanza, reemplazándola con ideas humanas o doctrinas erróneas, el resultado será desastroso. La fidelidad a la doctrina no es opcional; es el fundamento sobre el cual edificamos nuestra relación con Dios y nuestra eternidad.

Así como el constructor necesita los planos para edificar correctamente, nosotros necesitamos la doctrina de Cristo para caminar firmemente en la fe. En 2 Juan 1:4-11, el apóstol Juan nos da un claro llamado a permanecer en la verdad, obedecer los mandamientos y resistir las falsas enseñanzas. Esta carta nos recuerda que la fidelidad a la doctrina es esencial para nuestra vida cristiana. A través de este pasaje, aprenderemos cómo caminar en la verdad y el amor, protegernos de los engañadores y vivir una vida que glorifique a Dios.

I. La alegría de ver la obediencia

2° Juan 1:4-5

Mucho me regocijé porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre. Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros.

El apóstol Juan abre su carta expresando su gozo al ver que algunos creyentes caminan en la verdad. Este gozo no es superficial, sino el resultado de ver vidas transformadas por la obediencia a la Palabra de Dios.

En 2 Juan 1:4-5, el apóstol Juan expresa su alegría al encontrar creyentes que caminan en la verdad, demostrando obediencia a los mandamientos de Dios. Este gozo pastoral surge al ver vidas transformadas por la Palabra de Dios. Además, Juan resalta la importancia del amor como el mandamiento central que los cristianos han recibido desde el principio. Este amor no es un simple sentimiento, sino una acción fundamentada en la verdad y la obediencia a Cristo. Estos versículos nos recuerdan que la verdadera fe produce obediencia y amor, evidencias de una vida que permanece en la doctrina de Cristo.

1. El Gozo del Pastor (v. 4): Juan dice: “Me alegré mucho porque he hallado a algunos de tus hijos andando en la verdad, conforme al mandamiento que recibimos del Padre”. La expresión «andar en la verdad» implica vivir una vida conforme a las enseñanzas de Cristo. Para los líderes espirituales, no hay mayor gozo que ver a sus discípulos obedeciendo a Dios.

Aplicación: ¿Estamos dando ese gozo a nuestros pastores y líderes espirituales? Nuestra obediencia no solo honra a Dios, sino que también fortalece la iglesia y anima a quienes nos guían en la fe.

2. El Mandamiento del Amor (v. 5): Juan recuerda el mandamiento de «amar unos a otros». Aunque no es nuevo, sigue siendo esencial. Amar es una evidencia de que conocemos y permanecemos en Dios. Este amor no es emocional, sino activo, práctico y sacrificial.

La declaración de que los cristianos deben amarse unos a otros es un tema recurrente en el Nuevo Testamento. Más aún, el amor al prójimo es un mandamiento antiguo que aparece por primera vez en el tercer libro de Moisés, en Levítico.

Podemos mostrar nuestro amor de diferentes formas: al evitar los prejuicios y la discriminación, al aceptar a la gente, al prestar atención, al ayudar, al dar, al servir y al negarnos a juzgar a los demás. No es suficiente conocer los mandamientos de Dios. Debemos andar «según sus mandamientos».

Aplicación práctica: Consideremos nuestras relaciones. ¿Hay alguien a quien necesitamos mostrar el amor de Cristo hoy? Una llamada, un perdón o un acto de bondad pueden marcar la diferencia.

II. Caminar en la Verdad y el Amor

2° Juan 1:6

Y este es el amor, que andemos según sus mandamientos. Este es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio.

En 2 Juan 1:6, el apóstol Juan define el amor verdadero como una vida que se rige por los mandamientos de Dios. Aquí, el amor no se presenta como un mero sentimiento, sino como obediencia activa a la voluntad de Dios revelada en Su Palabra. Además, Juan recalca que el mandamiento de amar no es nuevo, sino uno que los creyentes han tenido «desde el principio». Este versículo nos recuerda que el amor cristiano no puede separarse de la verdad ni de la obediencia, ya que ambas son esenciales para caminar conforme a la doctrina de Cristo.

1. La Verdad y el Amor Son Inseparables: El amor sin verdad se convierte en sentimentalismo, y la verdad sin amor puede ser fría y dura. Juan nos muestra que ambas van de la mano: “Este es el amor: que andemos según sus mandamientos”. Obedecer los mandamientos es una demostración tangible de nuestro amor por Dios y por los demás.

2. Obediencia a los Mandamientos de Cristo: La obediencia no es legalismo; es amor en acción. Jesús dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”. La verdadera fe produce obediencia, y esta lleva a un caminar diario que glorifica a Dios.

Aplicación práctica: Reflexionemos sobre nuestras vidas. ¿Estamos obedeciendo a Dios solo en lo fácil, o también en las áreas difíciles? Por ejemplo, ¿cómo manejamos nuestras finanzas, relaciones o hábitos?

III. El Peligro de las Doctrinas Falsas

2° Juan 1:7-11

Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo. Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ese sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido! Porque el que le dice: ¡Bienvenido! participa en sus malas obras.

En 2 Juan 1:7-11, el apóstol Juan advierte a los creyentes sobre la amenaza de los engañadores que niegan la encarnación de Cristo, identificándolos como «anticristos». Estos individuos no solo contradicen una verdad central del Evangelio, sino que también intentan desviar a los creyentes. Juan exhorta a los cristianos a permanecer vigilantes para no perder el fruto de su labor espiritual y recibir plenamente su recompensa celestial.

El apóstol destaca que la clave para una relación genuina con Dios es permanecer en la doctrina de Cristo. Aquellos que se desvían de esta verdad no tienen comunión con el Padre ni con el Hijo. Además, Juan da instrucciones claras sobre cómo tratar con los propagadores de falsas enseñanzas: los creyentes no deben recibirlos ni mostrarles hospitalidad, ya que hacerlo implicaría participar en su obra maligna.

Este pasaje subraya la importancia de la fidelidad a la verdad del Evangelio y la necesidad de discernir las influencias que permitimos en nuestras vidas. La enseñanza de Juan nos llama a proteger nuestra fe, evitando comprometer la verdad y permaneciendo firmes en las enseñanzas de Cristo para glorificar a Dios y preservar la pureza de nuestra comunión con Él.

1. La Realidad de los Engañadores (v. 7): Juan advierte sobre aquellos que niegan que Jesucristo vino en carne, identificándolos como anticristos. En el contexto actual, las doctrinas falsas no siempre niegan a Cristo abiertamente, pero diluyen o distorsionan su mensaje.

En la época de Juan, muchos falsos maestros enseñaron que el espíritu era bueno y que la materia era mala; por lo tanto, llegaron a pensar que Jesús no pudo haber sido Dios y hombre al mismo tiempo. En términos firmes, Juan advirtió en contra de esa clase de enseñanzas. Hay todavía muchos falsos maestros que fomentan una interpretación de Jesús que no es bíblica. Son peligrosos porque tergiversan la verdad y socavan los fundamentos de la fe cristiana. Pueden emplear palabras correctas, pero al mismo tiempo cambiar el significado. La forma de sus enseñanzas muestra mucho acerca de lo que creen con relación a Cristo.

Ejemplo moderno: Las filosofías que promueven un “evangelio de prosperidad” o un “Cristo humanista” que no confronta el pecado son formas sutiles de engaño.

2. Guardar Nuestra Recompensa (v. 8): Juan exhorta: “Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo”. La perseverancia es clave en la vida cristiana. No basta comenzar bien; debemos terminar fieles.

Recibir «galardón completo» no se refiere a la salvación sino a la recompensa al servicio leal. Todo el que valoriza la verdad y en forma persistente se aferra a ella ganará su galardón íntegro del Señor. Perderán esa recompensa quienes viven para sí mismos y lo justifican enseñando falsas doctrinas.

Aplicación práctica: ¿Estamos siendo vigilantes en nuestra fe? Esto implica estudiar la Biblia regularmente, orar y estar alertas a enseñanzas que no se alineen con la Escritura.

3. No Ser Cómplices del Error (vv. 10-11): Juan nos llama a no recibir ni dar bienvenida a quienes traen doctrinas falsas. Esto no significa ser hostiles, sino no participar ni apoyar su labor.

Juan les ordena a los creyentes que no les den hospitalidad a los falsos maestros. Debían evitar estimular lo herético para que no se propagara la falsedad. Además, si los creyentes los invitaban a entrar, semejante acción mostraría que aprobaban lo que decían y hacían los falsos maestros. Puede parecer rudo rechazar a las personas, aunque estén enseñando herejías. Pero es mucho mejor ser fiel a Dios que simplemente cortés con las personas. Juan no condena la hospitalidad a los incrédulos sino el apoyo a quienes se dedican a oponerse a la verdadera enseñanza de Dios. Juan añade que cualquiera que apoya a un falso maestro de alguna manera se hace cómplice de su obra maligna.

Aplicación: Evaluemos las influencias en nuestra vida: ¿Qué contenido consumimos, qué libros leemos, a quién escuchamos? Seamos selectivos y bíblicamente sabios.

¿Cómo aplicar estos principios a nuestras vidas?

El pasaje de 2 Juan 1:4-11 es un llamado claro a permanecer en la doctrina de Cristo mediante la obediencia, el amor, y la vigilancia frente a las doctrinas falsas. Estos principios son tan relevantes hoy como lo fueron en la época del apóstol Juan, y aplicarlos en nuestras vidas fortalece nuestra relación con Dios y nuestra fidelidad al Evangelio.

1. Caminar en la Verdad. El primer principio es caminar en la verdad, es decir, vivir conforme a la Palabra de Dios. Esto requiere un compromiso diario con la Escritura, no solo como conocimiento, sino como guía para nuestra conducta y decisiones. Caminar en la verdad significa permitir que nuestra fe impacte todas las áreas de nuestra vida: nuestras relaciones, nuestras prioridades y nuestras acciones. Además, este caminar en la verdad debe manifestarse en nuestra obediencia al mandamiento de amar unos a otros. El amor cristiano no es solo emocional, sino activo. Amar significa servir, perdonar y buscar el bienestar de otros, incluso cuando no es fácil.

Aplicación práctica: Hacer de la lectura y meditación bíblica un hábito diario. Al leer la Palabra, pregúntate: “¿Cómo puedo aplicar esta verdad hoy?” También, busca mentores o grupos de estudio que te ayuden a profundizar en la Escritura y a mantenerte en el camino correcto. Reflexiona sobre tus relaciones. ¿Hay alguien con quien necesitas reconciliarte o a quien debes mostrar compasión? Haz un acto de amor deliberado cada día, como una llamada de ánimo, una ayuda práctica o un simple gesto de bondad.

2. Permanecer en la Doctrina de Cristo. Permanecer en la doctrina significa permanecer en el Evangelio tal como lo enseñó Jesús. Esto implica conocer bien nuestra fe para no ser desviados por enseñanzas erróneas o ideas que comprometan la verdad.

Aplicación práctica: Dedica tiempo a estudiar las doctrinas fundamentales de la fe cristiana, como la divinidad de Cristo, la salvación por gracia y la autoridad de las Escrituras. Usa recursos confiables como libros, sermones y clases teológicas. También, pídele al Espíritu Santo que te guíe a discernir lo verdadero de lo falso.

3. Guardarnos de las Falsas Enseñanzas. Juan advierte sobre los engañadores y nos llama a ser vigilantes. Vivimos en un mundo lleno de mensajes que aparentan ser buenos, pero que contradicen la Palabra de Dios. Para protegernos, debemos evaluar todo lo que escuchamos y vemos a la luz de la Escritura. En cuanto a los propagadores de doctrinas falsas, Juan instruye a no darles apoyo ni hospitalidad, lo que hoy podemos aplicar siendo cuidadosos con los recursos que compartimos o promovemos.

Aplicación práctica: Antes de aceptar una enseñanza o idea, compárala con la Biblia. Examina los sermones, libros y consejos que recibes. También, aléjate de influencias que te aparten de la verdad, ya sean amistades, entretenimiento o filosofías. Si estás en una conversación o entorno donde se distorsiona la verdad de Cristo, defiende tu fe con amor, pero con firmeza. No temas decir: “Eso no es lo que enseña la Biblia”.

Conclusión:

Permanecer en la doctrina de Cristo no es solo una recomendación; es una necesidad espiritual. Esta fidelidad nos asegura una comunión plena con Dios y nos protege de los engaños del enemigo. Como vimos, caminar en la verdad y el amor es la evidencia de nuestra obediencia. Pero también debemos ser vigilantes, guardándonos de las doctrinas que intentan desviar nuestra fe.

El llamado del apóstol Juan es relevante hoy más que nunca. En un mundo lleno de voces que buscan desviar nuestra atención de Cristo, necesitamos aferrarnos a la Palabra y al Evangelio.

Finalmente, recordemos que nuestra meta no es solo evitar el error, sino perseverar hasta el final. El Señor Jesús promete: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida” (Apocalipsis 2:10). Que esta verdad nos impulse a caminar con firmeza, sabiendo que el fruto de nuestra fidelidad glorificará a Dios y edificará a Su iglesia. ¿Estás permaneciendo en la doctrina de Cristo? Hoy es el día para renovar nuestro compromiso con Su verdad.

Deja un comentario

Tendencias