Dr. Joel B. Vílchez Gutiérrez – Pastor IBECH

10 de noviembre de 2024

En 1 Juan 2:18-28, el apóstol Juan nos ofrece una advertencia que resulta especialmente relevante en nuestros días. Es un llamado urgente a la vigilancia, y nos muestra que, aunque vivimos en tiempos peligrosos y llenos de confusión, Dios ha provisto un ancla segura para nosotros en Cristo. Juan se dirige a los creyentes llamándolos «hijitos,» lo cual muestra su amor y preocupación por ellos. Él quiere proteger a la iglesia del engaño y fortalecerla en la verdad.

Es probable que, si tienes algo más de 40 años, recordarás la película «La Profecía» de 1976. A medida que la trama se desarrolla, se sumerge en la historia de Damien Thorn, un niño que, sin saberlo, es la personificación del anticristo. En una de las escenas más impactantes, Damien, con sus inocentes ojos azules, está rodeado de un aura de oscuridad y misterio. En la película, la sutilidad del mal se manifiesta a través de eventos aparentemente cotidianos. La audiencia de la película miraba cómo personas cercanas a Damien, sin conocer su verdadera naturaleza, son influenciadas por su presencia. Esta historia nos hace reflexionar sobre cómo el anticristo, según la Biblia, va a aparecer en formas aparentemente inofensivas y carismáticas.

Yo vi esa película cuando tenía 8 años. Quedé muy impresionado. En una ocasión cuando caminaba por el centro de Lima, la capital de Perú, siendo todavía niño, vi a un joven que tenía una apariencia física casi idéntica a la del actor de “La profecía”, me asusté. Para esa época no poseía conocimiento bíblico ni teológico. Los cristianos de hoy, ¿cómo reaccionarían si se encuentran cara a cara con el anticristo?

El «anticristo» es una figura que ha capturado la atención de los creyentes a lo largo de la historia. La Biblia nos enseña que habrá un anticristo final, una figura específica que se opondrá a Cristo y a Su pueblo en los últimos días. Sin embargo, Juan nos advierte también sobre «muchos anticristos» que ya están en el mundo. ¿Qué significa esto? Significa que hay un espíritu de oposición a Cristo que se manifiesta a través de falsos maestros y doctrinas engañosas, y que debemos estar preparados para identificarlo y resistirlo.

I. La Advertencia del Anticristo

1° Juan 2:18

Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.

Juan habla del último tiempo, el período entre la primera y la segunda venida de Cristo. Los lectores de 1 Juan en el primer siglo vivían en el último tiempo al igual que nosotros. Durante este tiempo aparecerán «anticristos» (falsos maestros que pretendían ser cristianos y que engañaban a miembros débiles, alejándolos de Cristo).

Por último, antes que el mundo termine, surgirá un gran anticristo. Sin embargo, no debemos temer a ese maligno. El Espíritu Santo muestra sus errores para que no seamos engañados. No obstante, debemos enseñar la Palabra de Dios con claridad y con cuidado a los débiles que están entre nosotros, de modo que no sean presa de esos falsos maestros, que «vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces». A partir de estos hay tres puntos que señala el apóstol Juan:

Primero, nos dice, «Hijitos, ya es el último tiempo». Juan comienza esta sección de su carta con una declaración impactante: «Hijitos, ya es el último tiempo.» La expresión «último tiempo» se refiere al período de la historia humana que comenzó con la primera venida de Cristo y culminará con Su regreso. Los apóstoles y la iglesia primitiva vivían con la expectativa de que el regreso de Jesús podría suceder en cualquier momento, y ese mismo sentido de urgencia debe estar presente en nosotros. Esta advertencia es relevante porque vivimos en tiempos en los que el mal parece crecer y los falsos maestros se multiplican.

Los cristianos actuales deben vivir con una perspectiva eterna, conscientes de que el tiempo es corto y que el regreso de Cristo es inminente. Esto debería llevarnos a una vida de santidad y a una relación profunda con Dios. ¿Estamos viviendo como si Cristo pudiera regresar en cualquier momento? ¿Nuestro estilo de vida refleja una expectación genuina por Su venida?

Segundo, nos señala que, «El anticristo viene». Juan menciona que «el anticristo viene,» refiriéndose a una figura específica en la escatología bíblica. El anticristo será una persona que, en los últimos tiempos, liderará una oposición definitiva contra Cristo y Su reino. Sin embargo, Juan también advierte que «muchos anticristos han surgido,» lo cual nos muestra que el espíritu del anticristo no es exclusivo de una figura futura, sino que ya está presente en nuestro mundo a través de falsos maestros que niegan a Cristo y Su enseñanza.

En nuestro tiempo actual se presentan muchas ideologías y doctrinas, debemos estar preparados para discernir entre la verdad y el error. ¿Cómo podemos identificar el espíritu del anticristo? Cualquier enseñanza que disminuya, niegue, o tergiverse la identidad y la obra de Jesús es una manifestación de este espíritu. Hoy, más que nunca, necesitamos conocimiento bíblico y una vida llena del Espíritu Santo para discernir el engaño.

Tercero, advierte también sobre La Presencia de Falsos Maestros. Los «muchos anticristos» de los que habla Juan son aquellos que, aunque aparentemente estaban en la comunidad de la iglesia, se han apartado de la verdad. Esto nos muestra que no todos los que profesan ser cristianos o predicadores son realmente de Cristo. Muchos de estos falsos maestros buscan desviar a los creyentes con doctrinas atractivas pero falsas.

Como creyentes, debemos conocer bien la Palabra de Dios y la doctrina cristiana para no ser engañados. En una época donde la espiritualidad superficial y las enseñanzas convenientes son comunes, debemos preguntarnos: ¿Estamos fundamentados en la verdad de la Biblia, o estamos siguiendo enseñanzas que nos agradan pero que no son verdaderas?

II. La Identidad del Anticristo

1° Juan 2:19-23

Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros. Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas. No os he escrito como si ignoraseis la verdad, sino porque la conocéis, y porque ninguna mentira procede de la verdad. ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo. Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre. El que confiesa al Hijo, tiene también al Padre.

Los anticristos no fueron totalmente extraños a la iglesia; un día salieron de ella, pero en realidad no pertenecieron a ella. Juan no dio una razón por la que no permanecieron. Es claro que sus razones para formar parte, al comienzo, fueron equivocadas. Hoy muchas personas son «cristianas» por menos que las mejores razones. Quizás ir a la iglesia sea una tradición familiar. A lo mejor gustan de los contactos sociales y de negocios que pueden desarrollar allí. O posiblemente el ir a la iglesia es un hábito de años, y nunca se detuvieron a preguntarse por qué lo hacían. ¿Cuál es su razón fundamental para ser cristiano? A menos que sea una razón cristocéntrica, usted podría en realidad no serlo. No debiera conformarse con menos de lo que es mejor. Tú puedes relacionarte con Cristo personalmente y llegar a ser un discípulo leal y confiable.

Juan menciona que estos «anticristos» se apartaron de la comunión, mostrando así que nunca fueron verdaderamente parte de la iglesia. Esto es un principio importante: la verdadera fe se manifiesta en la perseverancia. Aquellos que abandonan la iglesia o niegan las doctrinas fundamentales de la fe demuestran que no estaban realmente comprometidos con Cristo.

La perseverancia en la fe y en la comunidad cristiana es una señal de genuinidad. En una cultura que valora la individualidad y donde el compromiso es cada vez menos frecuente, debemos recordar que la fe cristiana es una fe de comunidad. ¿Estamos comprometidos con nuestra iglesia local? ¿Perseveramos en la comunión con los hermanos, o abandonamos cuando las cosas se ponen difíciles?

El «anticristo» niega que Jesús es el Cristo. Este es el punto central: negar la identidad de Jesús como el Hijo de Dios y el Salvador del mundo es negar la esencia de la fe cristiana. Todo aquel que rechaza la divinidad de Jesús, su muerte expiatoria y su resurrección, se alinea con el espíritu del anticristo.

Como cristianos, debemos estar firmes en nuestra confesión de fe sobre quién es Jesús. En tiempos donde muchas personas ven a Jesús solo como un maestro moral o un profeta, nosotros debemos proclamar con claridad que Él es el Hijo de Dios, el Mesías y el único camino a la salvación. ¿Estamos preparados para defender nuestra fe en un mundo que constantemente busca diluir o negar la identidad de Cristo?

Para Juan, no hay terreno neutral cuando se trata de la doctrina. El que niega a Jesús como el Cristo se opone a Dios mismo, y no tiene al Padre. La verdadera fe en Cristo incluye tanto una relación como una confesión correcta de quién es Él.

Esto nos recuerda la importancia de conocer y afirmar nuestra fe en Cristo. En tiempos donde el relativismo y el sincretismo son comunes, necesitamos ser cristianos que conocen, valoran y enseñan una doctrina sana y fiel a las Escrituras. Preguntémonos: ¿Conocemos bien las doctrinas centrales de nuestra fe? ¿Estamos dispuestos a defenderlas y a enseñar a otros en el conocimiento de Cristo?

Al parecer los anticristos de la época de Juan intentaban ser leales a Dios mientras negaban y se oponían a Cristo. Juan afirma categóricamente que hacer eso es imposible. Como Jesucristo es el Hijo de Dios y el Mesías, negarlo es rechazar la forma en que Dios se reveló al mundo. Una persona que acepta a Cristo como el Hijo de Dios acepta al mismo tiempo a Dios el Padre. Los dos son uno y no se les puede separar. Muchos miembros de sectas se denominan «cristianos» pero niegan que Jesucristo sea divino. Debemos poner al descubierto esas herejías y oponernos a dichas enseñanzas para que los débiles no sucumban a ellas.

III. Permanecer en Cristo

1° Juan 2:24-29

Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre. Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna. Os he escrito esto sobre los que os engañan. Pero la unción que vosotros recibisteis de él permanece en vosotros, y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe; así como la unción misma os enseña todas las cosas, y es verdadera, y no es mentira, según ella os ha enseñado, permaneced en él. Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él

Cristo vive (permanece) en nosotros por medio del Espíritu Santo, y además nosotros vivimos en Cristo. Eso significa que ponemos nuestra absoluta confianza en El, dependemos de El para dirección y fortaleza, y vivimos como Él quiere que vivamos. Eso significa que nuestra relación con Él es personal y vivificante. Juan usó la misma idea en Juan 15, donde habla de Cristo como la vid y de sus seguidores como los pámpanos (véase también 3.24; 4.15).

Juan asegura a los creyentes que ellos tienen «la unción del Santo,» que es el Espíritu Santo. Esta unción no solo nos capacita para la vida cristiana, sino que también nos da discernimiento espiritual para conocer la verdad y resistir las mentiras del mundo. El Espíritu Santo nos guía y nos protege de ser engañados.

Nuestra sociedad está llena de engaños, por eso es fundamental que vivamos en dependencia del Espíritu Santo. Él nos ayuda a entender la Biblia y a aplicar sus enseñanzas a nuestra vida. ¿Estamos cultivando una relación íntima con el Espíritu Santo? ¿Le pedimos que nos guíe en todas nuestras decisiones y que nos dé discernimiento para identificar el error?

El Espíritu nos enseña todas las cosas y nos guarda en la verdad. Esto no significa que no necesitamos maestros humanos, pero sí implica que nuestra fuente de verdad última es Dios mismo. La obra del Espíritu en nosotros nos asegura que podemos vivir y permanecer en la verdad.

Hoy tenemos acceso a muchas fuentes de información y de enseñanza, pero necesitamos cultivar una dependencia en el Espíritu para discernir lo que es verdadero y lo que no lo es. ¿Le pedimos al Espíritu Santo que sea nuestro maestro diario? ¿Confiamos en Su guía, incluso por encima de la opinión popular o de nuestras propias emociones?

Juan exhorta a los creyentes a permanecer en lo que han oído desde el principio, es decir, el evangelio. Esta enseñanza que recibieron no es solo información, sino la verdad de Cristo, que es viva y transformadora. Al permanecer en esta verdad, los creyentes pueden estar seguros de su relación con Dios.

Para los cristianos de hoy, permanecer en la enseñanza de Cristo significa estudiar, meditar y obedecer Su Palabra continuamente. En lugar de ser arrastrados por nuevas ideas o tendencias religiosas, debemos arraigarnos profundamente en el evangelio y recordar constantemente las verdades fundamentales de nuestra fe. ¿Estamos dedicando tiempo a profundizar en la Palabra de Dios cada día?

Aquellos que permanecen en Cristo tienen la promesa de la vida eterna. Esta es una esperanza segura que nos sostiene, incluso en medio de la persecución y del engaño que se levanta en el mundo.

La vida eterna no es solo una promesa futura; comienza aquí y ahora a medida que caminamos con Cristo. Esta esperanza nos permite enfrentar los desafíos con fe y fortaleza. ¿Vivimos con la seguridad de la vida eterna, o estamos enfocados solo en lo temporal? ¿Permitimos que esta promesa nos impulse a vivir con más propósito?

Finalmente, Juan nos recuerda que Cristo regresará. Al permanecer en Él, podemos estar confiados y no avergonzados cuando Él se manifieste. Nuestra vida actual debe estar en consonancia con la realidad de Su regreso.

La expectativa del regreso de Cristo debería inspirarnos a vivir de manera santa y comprometida. En lugar de temer Su regreso, podemos esperarlo con gozo si estamos firmes en Él. ¿Nuestra vida actual está en sintonía con la esperanza del regreso de Cristo? ¿Vivimos de tal manera que, si Él viniera hoy, no nos avergonzaríamos?

Como conclusión. El mensaje de Juan es claro: vivimos en tiempos donde el engaño y la oposición a Cristo son una realidad, y necesitamos estar firmes en la verdad. En un mundo que constantemente busca desviar nuestra fe, la clave para permanecer en la verdad está en nuestra relación con Cristo, nuestra dependencia en el Espíritu Santo y nuestra permanencia en la enseñanza del evangelio.

Amemos y busquemos la verdad, no solo en conocimiento, sino en una relación viva con Jesús, para que cuando Él regrese, lo recibamos con confianza y alegría.

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