Dr. Joel B. Vílchez Gutiérrez – Pastor IBECH
03 de noviembre de 2024
Queridos hermanos, en esta ocasión vamos a meditar en el profundo mensaje que el apóstol Juan nos da en su primera carta. Específicamente, exploraremos el tema del “Nuevo Mandamiento”, que aunque, como veremos, no es nuevo en el sentido de su contenido, sí es radicalmente nuevo en la forma en que debe vivirse, especialmente a la luz de la revelación de Jesucristo. El pasaje que hoy nos convoca se encuentra en 1º Juan 2:7-14, donde el apóstol habla de la necesidad de caminar en la luz y amar a nuestros hermanos en la fe.
Imagina que entras en una habitación completamente oscura, donde no puedes ver ni un solo paso delante de ti. Avanzas a tientas, intentando no tropezar con nada, pero inevitablemente te golpeas con los muebles, tropiezas y sientes frustración. Esa es la realidad de alguien que vive sin amor, en la oscuridad. Aunque crea que está avanzando, su falta de amor lo lleva a tropezar una y otra vez.
Ahora, imagina que, de repente, alguien enciende una luz. De pronto, todo lo que antes era peligroso o incierto se vuelve claro. Puedes ver el camino, caminar con seguridad y, lo más importante, ayudar a otros a encontrar el mismo camino sin tropezar.
Esto es lo que significa vivir en la luz del amor de Cristo. El mandamiento de amar no es una simple obligación; es la luz que ilumina nuestro caminar. Si decimos que estamos en la luz pero odiamos a nuestros hermanos, aún estamos en tinieblas, como quien camina a ciegas en una habitación oscura. Pero cuando amamos como Cristo, caminamos en la luz, seguros y guiando a otros hacia la verdad. El amor es la luz que transforma nuestra vida y la de quienes nos rodean.
El amor fraternal no es una opción ni una sugerencia en la vida cristiana; es el mandato central que nos muestra si realmente estamos viviendo en la luz de Cristo. La pregunta clave que debemos hacernos hoy es: ¿Cómo debe el amor caracterizar la vida de un verdadero creyente?
Así como encender una luz en la oscuridad nos permite ver y avanzar sin tropezar, vivir en el amor de Cristo nos guía en nuestro caminar espiritual. El mandamiento de amar es esa luz; sin él, permanecemos en tinieblas, pero con él, caminamos seguros, reflejando a Cristo.
I. Un Mandamiento que no es Nuevo
1º Juan 2:7
Hermanos, no os escribo mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que habéis tenido desde el principio; este mandamiento antiguo es la palabra que habéis oído desde el principio.
Aquí, Juan nos recuerda que lo que está a punto de decir no es algo novedoso, sino algo que los creyentes han escuchado desde el principio de su fe.
Este «mandamiento antiguo» es el de amar a Dios y amar al prójimo. Desde el Antiguo Testamento, encontramos en Levítico 19:18 el mandato de «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Este principio ha sido parte del pacto de Dios con Su pueblo desde el inicio. Además, Deuteronomio 6:5 también nos ordena: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.»
Lo que Juan está diciendo es que este mandamiento de amar no es algo nuevo para ellos. Ellos lo han escuchado antes, lo han tenido desde el principio de su vida en Cristo. Pero lo que veremos más adelante es que este mandamiento cobra un nuevo significado en Cristo.
Dios siempre ha demandado el amor como parte de Su relación con Su pueblo. En los profetas, constantemente encontramos a Dios llamando a Israel a volverse a Él en amor y fidelidad, y también a mostrar ese mismo amor hacia el prójimo. El amor no es un mandato nuevo, pero es la esencia de nuestra relación con Dios y con los demás.
Hoy, para nosotros como iglesia, debemos recordar que amar a nuestros hermanos en Cristo no es una sugerencia. Es una de las marcas distintivas de nuestro caminar con Dios. ¿Estamos reflejando este amor en nuestras relaciones? ¿O hemos olvidado la centralidad del amor en nuestra vida cristiana?
II. Un Mandamiento que es Nuevo en Cristo
1º Juan 2:8
Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra.
El mandamiento de amar a los demás es nuevo y es antiguo al mismo tiempo. Es antiguo porque viene del Antiguo Testamento y es nuevo porque Jesús lo interpretó de una manera totalmente nueva. En la iglesia cristiana, el amor no se expresa solo al mostrar respeto; también se expresa mediante la abnegación y el servicio. Por esa razón, puede definirse como «dar incondicionalmente». Va más allá de los amigos y llega hasta los enemigos y perseguidores. El amor debe ser la fuerza unificadora y la marca distintiva de la comunidad cristiana. Es la clave para andar en la luz, porque no podemos crecer espiritualmente mientras odiamos a los demás. Una relación creciente con Dios produce una relación creciente con los demás.
Aquí surge la pregunta: si el mandamiento no es nuevo, ¿por qué Juan dice que es un “mandamiento nuevo”?
El mandamiento es nuevo en el sentido de que, en Cristo, ha sido manifestado de una manera completamente diferente. Cuando Jesús vino al mundo, Él no solo enseñó acerca del amor; Él vivió el amor. Jesús fue el amor encarnado. En Juan 13:34-35, Jesús da este mismo mandamiento a Sus discípulos diciendo: «Un mandamiento nuevo os doy: que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros.»
Este es el nuevo estándar del amor: Amar como Cristo nos amó. Este es el mandamiento nuevo en su más pleno sentido. Es nuevo porque el amor de Cristo es un amor sacrificial, un amor que da sin esperar nada a cambio, un amor que se entrega completamente.
Juan también nos dice que «las tinieblas van pasando y la luz verdadera ya alumbra.» Con la venida de Cristo, la luz del amor de Dios se ha revelado completamente. Las tinieblas, que simbolizan el pecado y la falta de amor, están siendo disipadas por la luz de Cristo. Ahora, nosotros somos llamados a vivir en esa luz.
Para nosotros, este mandamiento sigue siendo nuevo cada día en la medida en que buscamos amar como Cristo nos amó. Preguntémonos: ¿Estoy amando a los demás con el amor sacrificial de Cristo? ¿O mi amor está condicionado por las circunstancias o por lo que puedo recibir a cambio? El amor verdadero es el que fluye de Cristo en nosotros y se manifiesta en nuestras acciones.
III. El Amor como Indicador de la Luz
1º Juan 2:9-11
El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano está en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.
¿Eso significa que, si a usted no le agrada alguien, usted no es un cristiano? Estos versículos no se ocupan de no aceptar a los cristianos desagradables. Siempre habrá personas que no nos agradarán tanto como otras. Las palabras de Juan señalan la actitud que motiva despreciar o marginar a otros, tratarlos como irritantes, competidores o enemigos. Afortunadamente, el amor cristiano no es un sentimiento sino una elección. Podemos optar por interesarnos por el bienestar de las personas y preocuparnos por ellas con respeto, sintamos o no afecto por ellas. Si optamos por amar a otros, Dios nos ayudará a expresar nuestro amor.
Juan es claro: Amar a nuestros hermanos es la prueba de que estamos caminando en la luz. Si decimos que estamos en la luz, pero odiamos a nuestro hermano, entonces aún estamos en tinieblas. No importa cuánto conocimiento teológico podamos tener o cuántas actividades religiosas realicemos, si no hay amor, estamos en oscuridad.
El odio no solo es incompatible con la vida cristiana, sino que también ciega a la persona. Juan dice que aquellos que odian a sus hermanos están en tinieblas y no saben a dónde van. El odio nos ciega espiritualmente y nos hace tropezar. No podemos caminar en la luz y al mismo tiempo guardar resentimiento, rencor o enemistad en nuestro corazón.
Aquí debemos reflexionar profundamente. ¿Hay alguien a quien no estamos amando como deberíamos? ¿Estamos guardando resentimientos o malos sentimientos hacia otros hermanos en Cristo? Si es así, necesitamos confesarlo delante de Dios y pedirle que limpie nuestro corazón. La vida cristiana es una vida de luz, y esa luz debe reflejarse en nuestro amor hacia los demás.
IV. La Familia de la Fe: Niños, Jóvenes y Padres
1º Juan 2:12-14
Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre. Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre. Os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes, porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros, y habéis vencido al maligno.
Juan escribe a creyentes de diferentes edades, sus «hijitos» que habían experimentado perdón por medio de Jesucristo. Los mayores («padres») eran personas maduras en la fe que mantenían una relación duradera con Cristo. Los jóvenes habían luchado con las tentaciones de Satanás y habían vencido. Los hijitos y las hijitas habían aprendido acerca de Cristo y apenas comenzaban su viaje espiritual.
En cada etapa de la vida, la Palabra de Dios es importante. Cada etapa de la vida en el peregrinaje cristiano se levanta sobre la otra. A medida que los hijitos aprenden acerca de Cristo, van creciendo en su capacidad para sobreponerse a la lucha de las tentaciones. A medida que los jóvenes van de victoria en victoria, crecen en su relación con Cristo. Los mayores, habiendo conocido a Cristo durante años, han desarrollado la necesaria sabiduría para enseñar a los jóvenes y empezar el ciclo nuevamente. ¿Es su crecimiento cristiano apropiado para la etapa de su vida?
Juan comienza dirigiéndose a los «hijitos» o «niños» espirituales. Estos son los nuevos creyentes, aquellos que han experimentado el perdón de sus pecados y han llegado a conocer al Padre. El amor de Dios se les ha revelado de una manera muy personal y transformadora.
Luego, Juan se dirige a los «jóvenes», aquellos que están en medio de la lucha espiritual. Ellos han vencido al maligno porque la Palabra de Dios permanece en ellos. Estos creyentes están creciendo en su fe y están luchando por mantener su camino en la luz, resistiendo las tentaciones y los ataques del enemigo.
Finalmente, Juan se dirige a los «padres», aquellos que han alcanzado una madurez espiritual más profunda. Ellos han conocido al que es desde el principio, lo cual es una referencia a su experiencia de vida con Dios. Han caminado con el Señor por años, y su amor ha crecido en profundidad.
Cada uno de nosotros se encuentra en alguna de estas etapas. Tal vez eres un nuevo creyente, un joven luchando en la fe, o un padre espiritual maduro. Pero en cualquiera de estas etapas, el mandamiento de amar sigue siendo esencial. El amor debe ser evidente tanto en el nuevo creyente como en el cristiano maduro. ¿Cómo está reflejando el amor de Cristo en tu etapa de vida cristiana?
Conclusión
Aplicar el amor cristiano en nuestra vida diaria es una muestra visible de nuestra fe y un reflejo del amor de Cristo en nosotros. Aquí te comparto cinco formas en las que podemos implementar el amor, basadas en las enseñanzas de la prédica:
- Perdonar sinceramente a los demás: El amor de Cristo se demuestra a través del perdón. Si bien puede ser difícil perdonar a alguien que nos ha ofendido, recordemos que Dios nos perdonó primero. Debemos perdonarnos unos a otros como el Señor nos perdonó. Perdonar libera el corazón de la amargura y nos permite caminar en la luz.
- Servir desinteresadamente a los demás: Cristo nos amó dando Su vida por nosotros. De la misma manera, debemos estar dispuestos a servir a los demás sin esperar nada a cambio. Esto puede manifestarse en pequeños gestos, como ayudar a un vecino, ser voluntario en la iglesia o apoyar a alguien en necesidad, mostrando que nuestro amor no tiene condiciones.
- Practicar la empatía: Amar como Cristo significa ver más allá de nuestras propias necesidades y preocuparnos por los demás. Escuchar a alguien que está pasando por un momento difícil o estar disponible para ofrecer apoyo emocional es una forma de demostrar el amor que Dios nos pide.
- Evitar el resentimiento y la enemistad: Como Juan nos enseña, el odio hacia un hermano nos mantiene en tinieblas. Debemos ser rápidos para resolver conflictos y buscar la reconciliación. El resentimiento no solo daña nuestras relaciones, sino también nuestra vida espiritual.
- Compartir el amor de Cristo con otros: Evangelizar y testificar acerca del amor de Dios es una forma poderosa de aplicar este mandamiento. Al compartir el mensaje de salvación, estamos mostrando el amor más grande de todos: el amor que Dios tuvo por el mundo al enviar a Su Hijo.
Hermanos, el nuevo mandamiento no es simplemente una regla a seguir. Es el reflejo de la vida de Cristo en nosotros. Amar como Él amó es la marca distintiva de aquellos que caminan en la luz. Juan nos ha mostrado que el amor no es opcional en la vida cristiana; es la prueba de que hemos pasado de las tinieblas a la luz.
Hoy te invito a examinar tu vida a la luz de este pasaje. ¿Estás amando a tus hermanos como Cristo nos amó? ¿O hay áreas en tu vida donde necesitas arrepentirte del odio, el rencor o la indiferencia? Cristo nos llama a vivir en Su luz, y el mayor testimonio de esa luz es el amor que mostramos a los demás.
Que el Señor nos llene de Su amor y nos capacite para amar como Él lo hizo. Que seamos conocidos como hijos de Dios por el amor que nos tenemos unos a otros.






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