Ing. Adams Kaser Ocharán

8 de septiembre de 2024

La lengua es un instrumento poderoso, capaz de edificar o destruir. En Santiago 3:5-6, se compara con un fuego que, aunque pequeño, puede incendiar un gran bosque. Así también, nuestras palabras tienen el potencial de influir profundamente en quienes nos rodean. Con la lengua, bendecimos a Dios, pero también maldecimos a otros creados a su imagen. Esta contradicción nos reta a controlar lo que decimos, buscando que nuestras palabras sean de edificación y no de destrucción. Como cristianos, somos llamados a usar nuestra lengua para la verdad, el amor y la justicia, reflejando el carácter de Cristo.

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