Dr. Joel B. Vílchez Gutiérrez – Pastor IBECH
21 de julio de 2024
En nuestra vida cristiana, la fe no es simplemente un componente emocional o una creencia superficial. Es un pilar fundamental sobre el cual se construye toda nuestra relación con Dios. La Palabra de Dios nos ofrece una perspectiva poderosa sobre la naturaleza misma de la fe, invitándonos a considerar cómo podemos aplicar este principio en nuestras vidas diarias.
La fe se manifiesta en acciones concretas, y puede transformar nuestras circunstancias más allá de lo que nuestros ojos naturales pueden ver. A través de los ejemplos de hombres y mujeres de fe en la Biblia, tomamos lecciones de verdades inspiradoras que nos desafían a confiar más plenamente en Dios y a caminar en obediencia a Su Palabra.
Es probable que ustedes hayan leído, en forma completa o por ciertos relatos, la novela “El Principito” del escritor francés Antoine de Saint-Exupery. En la novela, el pequeño príncipe llega a nuestro planeta y se encuentra con un zorro.
Un día, mientras pasean por el campo, el zorro le dice al principito: «No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos «. El principito se detiene y reflexiona profundamente sobre estas palabras.
En la novela “El principito” se aborda el tema de la fe de una manera comprensible, la fe personal, la fe del individuo, la fe íntima. No sólo fe en la belleza, en la amistad, en la vida; si no, es una llamada a reflexionar sobre la fe en Dios. Esa fe a la que se llega a través del corazón. Nuestro razonamiento es incapaz de concebir a Dios en toda su plenitud. Una fe sencilla, llena de sorpresas, como la del principito, es la que nos introduce al reino invisible. Ver con el corazón no es otra cosa que sentir a Dios mediante la fe.
Esta ilustración del Principito y el zorro nos invita a reflexionar sobre cómo la fe nos permite ver y entender lo esencial, incluso cuando no es visible a nuestros ojos físicos, preparándonos para explorar más profundamente el concepto de fe en nuestras vidas y en nuestra relación con Dios.
I. ¿Qué es la fe?
Lectura bíblica: Hebreos 11.1-3
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.
Hebreos 11:1-3 es un pasaje fundamental que nos introduce de manera clara y profunda en el tema de la fe. Este texto no solo define qué es la fe, sino que también explica su naturaleza esencial y su poder transformador en la vida del creyente.
La única forma de llegar a Dios es venir a Él por la fe. Podemos acercarnos a Dios por la fe. Nos volvemos conscientes de que estamos rodeados de un reino invisible; aquello que se ve no es la explicación completa de la vida; hay realidades que no pueden ser vistas ni tocadas, y aun así son tan reales y tan vitales como cualquier cosa que podemos ver. Dios es invisible, es un ser espiritual, solo podemos acercarnos a él, mediante un corazón con fe, y veremos su presencia en nuestras vidas.
En el versículo 1, se nos presenta una definición concisa pero completa de la fe: «Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve». Aquí, la fe se describe como una confianza firme y segura en las promesas de Dios, incluso cuando estas promesas no se han cumplido aún o no son visibles a nuestros ojos. Es más que una mera creencia intelectual; es una convicción profunda que afecta nuestra manera de vivir y de relacionarnos con Dios y con los demás.
Vemos pues, que dos palabras describen nuestra fe: certeza y convicción, estar seguros de que existe Dios. Creer en Dios y creerle a Dios. Estas dos cualidades necesitan un punto inicial y final seguros. El punto inicial de la fe es creer en el carácter de Dios: Él es quien dice ser que es. El punto final es creer en las promesas de Dios: Él hará lo que dice. Cuando creemos que Dios cumplirá sus promesas, a pesar de que todavía no las vemos hechas realidad, mostramos verdadera fe.
El versículo 2 amplía esta definición al mencionar que personas del Antiguo Testamento vivieron por fe. Estas personas actuaron según las promesas de Dios, demostrando que la fe no solo es una actitud pasiva, sino que impulsa a la acción obediente y valiente. A través de sus vidas, vemos cómo la fe verdadera produce frutos y transforma realidades, incluso en medio de circunstancias adversas y aparentemente imposibles.
El versículo 3 nos revela un aspecto fascinante de la fe: su conexión intrínseca con la creación misma. Nos dice que «por la fe entendemos que el universo fue constituido por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía». Dios habló y de la nada se creó el universo; el Señor declaró que sería y fue. Dios creó el universo con sus millones y millones de galaxias, creó los átomos y moléculas, creó a los seres vivos con su intrincada estructura subcelular en la cual destaca el ADN, el código genético de todo ser vivo, el cual es el lenguaje de Dios. Nuestra fe está puesta en el Dios que creó el universo con su palabra.
Esto nos enseña que la fe no se limita a lo espiritual, sino que tiene un impacto universal y cósmico, estableciendo una base sólida para nuestra confianza en el plan divino y en el propósito eterno de Dios.
Hebreos 11:1-3 nos invita a considerar profundamente el significado y la práctica de la fe en nuestras vidas. Nos desafía a confiar en las promesas de Dios con una certeza absoluta, a vivir de manera obediente y valiente, y a reconocer el poder creador y sustentador de Dios en todas las áreas de nuestra existencia. Este pasaje nos anima a cultivar una fe que no solo transforma nuestras circunstancias personales, sino que también glorifica a Aquel que es invisible pero omnipotente y amoroso en todo momento.
Uno puede asumir que hay dos formas por las cuales las personas pueden venir a Dios. La primera es por medio de las obras. Si usted pudiera presentar la perfección en sus obras, Dios le aceptaría; pero hasta ahora, nadie ha sido capaz de lograrlo. Adán no fue capaz de hacerlo, y nadie desde entonces ha podido satisfacer ese requisito. Abraham no pudo lograrlo, el rey David tampoco, ni el profeta Daniel. Ninguno consiguió esa perfección frente a Dios. Por la tanto ese no constituye un camino satisfactorio para venir a Dios.
La única otra forma de llegar a Dios es venir a Él por la fe. Podemos acercarnos a Dios únicamente por la fe.
II. Ejemplos de personas que vivieron por fe
Este mismo capítulo del libro de Hebreos nos da una larga y detallada relación de personas que vivieron por fe. Lo encontramos desde el versículo 4 hasta el 40.
Lectura bíblica: Hebreos 11.4-40
Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos. Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados. Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz. ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.
Hebreos 11:4-40 es un pasaje notablemente inspirador y edificante que destaca la importancia central de la fe en la vida del creyente. Conocido comúnmente como el «capítulo de la fe», este segmento de la carta a los Hebreos detalla una lista impresionante de hombres y mujeres del Antiguo Testamento que vivieron de manera ejemplar debido a su fe inquebrantable en Dios. De esto, aprendemos lo siguiente:
1. Ejemplos de Fe Heroica: El autor comienza enumerando héroes de la fe como Abel, Enoc, Noé, Abraham y Sara, entre otros. Cada uno de estos personajes bíblicos ejemplifica cómo la fe los impulsó a obedecer a Dios, a veces en circunstancias extremadamente desafiantes. Por ejemplo, Abraham dejó su tierra natal para seguir a Dios hacia una tierra desconocida, confiando en las promesas divinas de una descendencia numerosa y una herencia eterna.
2. Actos de Fe y Obediencia: A lo largo del capítulo, se destacan los actos específicos de fe que estos hombres y mujeres realizaron, desde construir un arca hasta enfrentar la ira de los gobernantes y resistir persecuciones severas. La fe los llevó a confiar en lo invisible: las promesas de Dios que aún no se habían cumplido en su totalidad pero que creían con firmeza que Dios cumpliría.
3. Testimonio de Persistencia: También se menciona cómo algunos de estos héroes de la fe enfrentaron persecuciones, sufrimientos e incluso martirio por su fidelidad a Dios. A pesar de las adversidades, permanecieron firmes en su convicción de que Dios es fiel y recompensará a aquellos que lo buscan diligentemente.
4. Ejemplo para los Creyentes: Este pasaje no solo es un registro histórico, sino un llamado a los cristianos de todos los tiempos a imitar la fe y la obediencia de estos héroes bíblicos. Nos desafía a confiar en Dios en todas las circunstancias, a vivir de manera coherente con nuestras creencias y a mantenernos firmes en la esperanza de la vida eterna que Dios ha prometido a los que le aman.
5. La Fe como Fundamento: En última instancia, Hebreos 11:4-40 subraya que la fe es el fundamento de nuestra relación con Dios y el motor de nuestras acciones en el mundo. Es mediante la fe que podemos experimentar la gracia salvadora de Dios y vivir una vida que honre Su nombre.
En resumen, estos pasajes nos presentan un testimonio vívido y conmovedor de cómo la fe transforma vidas y permite a los creyentes perseverar y vivir con propósito en medio de las pruebas y tribulaciones. Es un recordatorio poderoso de que nuestra fe en Dios y en sus promesas tiene un impacto profundo tanto en nuestra vida personal como en nuestra comunión con la comunidad de fe.
III. Aplicación personal
Hebreos 11 desafía a vivir con fe radical, confiando en lo invisible. Inspirados por héroes de la fe, perseveramos en obediencia a Dios, incluso en tiempos de prueba. Esta fe nos capacita para ver más allá de las circunstancias actuales, aferrándonos a las promesas de Dios con convicción inquebrantable. Nos impulsa a actuar valientemente, sabiendo que Dios honra la fe sincera. Como creyentes, vivimos en expectativa de la recompensa eterna, creciendo en comunión con Dios y fortaleciendo nuestro testimonio cristiano. Hebreos 11 nos llama a una vida de fe activa, transformadora y arraigada en la confianza absoluta en nuestro Creador y Salvador.






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