Dr. Joel B. Vílchez Gutiérrez – Pastor IBECH
17 de marzo de 2024
La Biblia nos presenta la metáfora de ser «buenos soldados de Cristo», un llamado que va más allá de una simple analogía militar, ya que nos invita a comprometernos en una batalla espiritual por la verdad y la justicia de la Palabra de Dios. En estos tiempos desafiantes, donde las fuerzas del mal parecen acechar desde todos los lados, es crucial comprender la importancia de equiparnos con la armadura espiritual que Dios nos brinda y emprender la marcha con valentía, confianza y fe.
I. La llamada a la batalla
Lectura Bíblica: 2° Timoteo 2:1-2
¿Cómo puede uno esforzarse en la gracia? Gracia significa favor inmerecido. Así como somos salvos por gracia, debemos vivir por gracia. Esto significa confiar por completo en Cristo y su poder, y no tratar de vivir en Cristo sólo en nuestras propias fuerzas. Reciba y utilice el poder de Cristo. Él le dará la fortaleza para hacer su obra. Por esto, somos llamados a la batalla espiritual. Si la iglesia siguiera con firmeza este consejo, se expandiría geométricamente en la medida que creyentes bien enseñados enseñen y comisionen a otros los que, a su vez, harán lo mismo con otros. Los discípulos necesitan ser equipados para transmitir su fe.
II. Características de un buen soldado de Cristo
Lectura Bíblica: 2º Timoteo 2:3-7
Un soldado, en una persona que se ha enlistado voluntariamente o en cumplimiento de un servicio militar obligado (cuando un país está en una etapa de guerra, y es necesario de hombres para combatir). En nuestro caso también somos soldados, pero no soldados con armas, sino soldados de Jesucristo, dispuestos a sufrir penalidades a causa de su nombre, somos parte de su milicia y al igual que un soldado de un país, estamos para servir a nuestra nación y a defender y luchar por los ideales y valores que la Biblia enseña.
III. El ejemplo de Cristo como el Capitán de nuestra salvación
Lectura Bíblica: 2º Timoteo 2:8-13
En los tiempos de Timoteo muchos afirmaban que Cristo era divino, pero no humano, Dios, pero no hombre. En nuestros días con frecuencia escuchamos decir que Jesús era humano, pero no divino, hombre, pero no Dios. Uno u otro punto de vista destruye las buenas nuevas de que Jesucristo ha llevado nuestros pecados sobre sí mismo y nos ha reconciliado con Dios. La Biblia establece con firmeza que Jesús es completamente hombre («linaje de David») y totalmente Dios («resucitado de los muertos»). Esta es una doctrina importante para todo cristiano. Por eso, Cristo es el capitán de nuestra salvación.






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