Dr. Joel B. Vílchez Gutiérrez – Pastor IBECH
18 de febrero de 2024
La oración es una de las cosas más importantes, y ciertamente la cosa más descuidada, de nuestros días. Es importante que oremos por los demás, porque Jesucristo nos ha ordenado que lo hagamos. Jesús ordena que oremos, no solo por nuestra familia, amigos y compañeros creyentes, sino también por nuestros enemigos, nuestros gobernantes, nuestro país y por las personas de otros países. Al orar por los demás, estamos imitando a Jesucristo, quien intercede con Dios Padre en nuestro nombre, así como el Espíritu de Dios que intercede por nosotros con gemidos demasiado profundos para ser expresados con palabras.
I. La Universalidad de la Oración
1º Timoteo 2:1-4
Aunque Dios es todopoderoso y omnisciente, Él nos ha escogido para que le ayudemos a cambiar el mundo por medio de nuestras oraciones. Cómo tiene lugar esto, es un misterio debido a nuestro limitado entendimiento, pero es una realidad. Pablo nos exhorta a orar unos por otros y también por los que nos gobiernan. Debemos orar para la salvación de todas las personas del mundo. Existe tanta injusticia, problemas políticos o económicos en el mundo que necesitan nuestras oraciones; pero en especial, hay muchas naciones que están cerradas al evangelio y necesitan de nuestras oraciones para que la Palabra de Dios cale en el corazón de la población de esos países.
II. Cristo es el único que puede salvar a las naciones
1º Timoteo 2:5-6
La Biblia nos enseña que no hay múltiples caminos ni intermediarios adicionales que nos acerquen a la presencia divina. En lugar de eso, Cristo ocupa una posición única y central como el único puente entre la humanidad caída y el Dios santísimo. Cristo es el único mediador de salvación. Solo en Cristo las naciones pueden ser salvas.






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