Prof. Hugo Pariona – Líder IBECH
11 de febrero de 2024
Todos nosotros hemos pecado, lo que significa que hemos actuado de maneras que son aborrecibles para nuestro Creador. Jesús sabía que quebrantar su ley buena y perfecta era destructivo para nosotros, y en su amor vino para salvarnos -rescatarnos- de nuestra esclavitud del pecado y de su castigo, la muerte. ¡El asombroso Creador del universo estaba dispuesto a venir al mundo físico de los seres humanos y dar su vida como sacrificio por aquellos que eran sus enemigos! El propósito de la venida de Cristo fue salvar a los pecadores que se acerquen a Él por fe. La vida y testimonio del apóstol Pablo son un ejemplo de cómo Jesús puede actuar en nuestra vida.
I. Testimonio personal de Pablo
Lectura Bíblica: 1° Timoteo 1:12-13
La gente puede sentirse tan culpable por su pasado que podrían llegar a pensar que Dios jamás podría perdonarlos y aceptarlos. Pero considere el pasado de Pablo. Él se había burlado de las enseñanzas de Jesús («él era blasfemo») y persiguió y asesinó al pueblo de Dios («perseguidor e injuriador de los creyentes») antes de llegar a Cristo por fe. Dios perdonó a Pablo y lo usó poderosamente para su Reino. No importa cuán avergonzado estés por tu pasado, Dios puede perdonarte y usarte.
II. Cristo salva a los pecadores que van a Él
Lectura Bíblica: 1° Timoteo 1:14-16
Jesús vino al mundo para salvar pecadores, y ningún pecador está excluido de su poder salvador. Jesús no vino meramente para mostrarnos cómo vivir una mejor vida o para desafiarnos a ser mejores personas. Él vino para ofrecernos salvación que nos lleve a la vida eterna. La venida de Cristo no fue solo un evento histórico; fue un acto de gracia divina que supera cualquier pecado, por grande que sea. La obra redentora de Cristo es la esencia misma de nuestra fe. Su muerte en la cruz nos redime y nos reconcilia con Dios. Nuestra fe en Jesús es la llave que abre la puerta a la salvación.
III. Nuestra respuesta a la salvación
Lectura Bíblica: 1° Timoteo 1:17
La respuesta adecuada a la gracia es aceptar la verdad fundamental: Cristo vino a salvar a los pecadores. No merecemos esta gracia, pero el amor de Dios nos la ofrece gratuitamente. Es crucial reconocer nuestra propia necesidad de salvación. Todos somos pecadores necesitados de la gracia redentora de Cristo. Sin esta conciencia, no podemos apreciar plenamente el regalo de la salvación. Ante el regalo de salvación que viene de Dios debería aceptarlo, agradecerle y honrarle.






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